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Apoyos para la movilidad de las personas mayores

La importancia de los cambios posturales

Los cambios posturales hacen referencia a las distintas posturas que debe adoptar el cuerpo y a la necesidad de alternarlas continuamente para prevenir complicaciones asociadas a la inactividad física y a la permanencia en la misma postura. Su objetivo es conseguir una buena alineación de todas las partes del cuerpo y una distribución uniforme del peso corporal.

Los cambios posturales tienen considerables efectos benéficos:

  • Mantienen el buen estado de músculos y huesos, paliando la rigidez articular y la flacidez muscular y favoreciendo la función cardiaca y respiratoria. Una inmovilidad prolongada facilita la acumulación de secreciones, la aparición de trombos circulatorios, etc.
  • Previenen complicaciones genitourinarias y digestivas, en la medida en que la falta de ejercicio puede provocar estreñimiento como consecuencia de la falta de movimiento intestinal.
  • Previenen las úlceras por presión (escaras). Estas lesiones de la piel aparecen como consecuencia de la presión prolongada de algunas partes del cuerpo sobre un plano duro. Suelen darse con mayor frecuencia en las prominencias óseas: región sacra -por encima de los glúteos, zona limítrofe entre glúteos y muslos, talones, rodillas, codos, caderas, omóplatos o hueso occipital. No sólo la inmovilización en cama es favorecedora, sino también en las sillas de ruedas, sillones... Pueden evitarse gracias a los cambios posturales, que hacen que los puntos de presión vayan cambiando, sin olvidar la importancia de una adecuada higiene, alimentación e hidratación para prevenir su aparición.


A la hora de realizar cambios posturales hay que tener en cuenta varios aspectos:

  • Conocimiento de la persona, de sus necesidades, de sus limitaciones de movilidad y del tiempo para cada cambio de posición. En personas encamadas son recomendables estos cambios cada dos o tres horas y en las que están sentadas, cada hora aproximadamente; si la persona no necesita ayuda para realizar los movimientos, debe moverse para descargar el peso de las nalgas cada 15 ó 30 minutos.
  • Hay que evitar mover a la persona arrastrándola sobre la ropa de cama. Si no quedara otra opción, hacerlo elevando la cabeza de la cama, sin sobrepasar un ángulo de unos 30º con respecto a la cama y realizar la maniobra en el menor tiempo posible.
  • Estirar bien (no excesivamente) las sábanas para que no queden arrugas.
  • Cada vez que se hace un cambio postural es aconsejable mover las articulaciones con movimientos suaves y saber que éstas nunca han de estar completamente estiradas.
  • Mantener hábitos higiénicos correctos y aprovechar estos momentos para valorar el estado de la piel e hidratarla, realizando pequeños masajes circulares que activen el riego sanguíneo.
  • Usar una faja cuando vaya a realizar cualquier tipo de cambio o movilización postural, para prevenir tirones musculares, lumbalgias, etc., aunque debe utilizarse sólo con prescripción médica.
  • Seleccionar las medidas y el equipo más adecuado para cada movilización.
  • Adecuar el entorno, procurando que facilite en la medida de lo posible nuestra movilidad y la de la persona en situación de dependencia

 

Pautas de Buenas Prácticas para Movilizaciones

  • Procurar no levantar peso a menos que resulte imprescindible.
     
  • Valorar la situación: Valorar detenidamente la situación antes de optar por levantar a la persona y asegurarse de que se hace uso de las ayudas que resulten adecuadas. Antes de levantar a una persona, preguntarse:
    • Si es indispensable levantarle.
    • Si algún otro profesional puede ayudar en la maniobra, teniendo siempre presente que cuando la persona usuaria es totalmente dependiente es indispensable proceder a la movilización entre dos profesionales.
    • Si conviene utilizar algún producto de apoyo (una grúa, por ejemplo). Antes de utilizar una grúa, es conveniente hacer uso de otros productos de apoyo, como son los discos giratorios o las barras de apoyo, ya que de esta manera mantendremos la movilidad que tiene la persona.
    • Si la persona mayor puede colaborar de algún modo para facilitar el movimiento.
    • Si la persona que va a realizar la maniobra se siente segura de poder levantarle.
       
  • Valorar el entorno:
    • Comprobar que no hay obstáculos que podrían dificultar la maniobra: cables sobre el suelo, líquido derramado sobre el suelo, alfombras, etc.
    • Determinar cuál es la distancia a recorrer y asegurarse de que sea lo más corta posible.
    • Asegurarse de que se trata de un entorno seguro: buena iluminación, suelo no deslizante, etc.
    • Verificar si hay espacio suficiente o si es necesario desplazar algún mueble para disponer de más sitio.
       
  • Evaluar la maniobra:
    • Verificar si la persona mayor es capaz de entender a la persona que va a levantarle y si puede colaborar de alguna manera.
    • Comprobar si presenta signos de agitación o confusión. Si es así, asegurarse de contar con la ayuda de otros profesionales.
    • Fijarse en si la persona es alta o baja, delgada u obesa.
    • Verificar si la persona tiene algún problema de salud que convenga tener en cuenta: hemiplejia, rigidez articular, zonas doloridas, tono muscular, etc.
       
  • Evaluar las propias habilidades de la persona que va a realizar la maniobra:
    • Valorar si está en condiciones de levantar la carga, si tiene problemas de espalda o problemas articulares.
    • Evitar cualquier maniobra de este tipo en los casos en los que la persona profesional de apoyo está embarazada.
    • Determinar la técnica más adecuada y valorar si se siente capaz de aplicarla correctamente. En caso de duda, pedir ayuda.
    • Asegurarse de tener puesto el atuendo adecuado: ropa holgada y zapatos bajos y no deslizantes.
    • Quitarse anillos, reloj, collar, cadenas, pendientes, u otros adornos que pudieran engancharse.

 

Colaboración de la persona a la que se presta apoyo
Cuando la persona que requiere apoyo para la movilidad colabora conviene que también ésta siga unas normas básicas de mecánica corporal:

  • Si está acostada
    • Mantener piernas y brazos alineados a lo largo de su cuerpo.
    • El colchón sobre el que se encuentre acostada debe ser firme para que el apoyo sea uniforme y estable.
  • Si está de pie
    • Separar ligeramente sus pies para así aumentar su base de sustentación y mejorar su propia estabilidad.
    • Procurar que la cadera se mantenga siempre dentro del espacio delimitado por el ancho de los pies.
    • Procurar que contraiga los músculos abdominales y glúteos y mantener la espalda recta, echando los hombros hacia atrás.
  • Si está sentada
    • Disponer de asientos que permitan mantener la espalda recta y apoyada.
    • Procurar que las caderas, rodillas y tobillos de la persona, formen un ángulo recto, debiendo estar los pies siempre apoyados en el suelo. Si estos no alcanzaran el suelo, colocar un taburete debajo de los mismos para evitar que queden colgando en el aire.
    • Para levantarse de la silla, indicarle q formarán ángulos rectos e se incline recto hacia delante de manera que su cabeza llegue al plano de las rodillas, se apoye en los reposabrazos o en su defecto en la mesa, y a la orden de “tres” colabore en el impulso hacia delante y arriba para ponerse de pie.

 


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