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La movilidad en las personas mayores

La inactividad tiene múltiples efectos en nuestro cuerpo y es importante conocerlos para dar a la actividad la relevancia que le corresponde.
 

  • Efectos en los músculos y las articulaciones
    • La disminución del grado de actividad física afecta al nivel de calcio en nuestros huesos y uno de los efectos de la insuficiencia de calcio es la osteoporosis, que genera, en quien la padece, mayores probabilidades de sufrir fracturas como consecuencia de una caída o de sufrir fracturas espontáneas que, a su vez, provocan una caída. Es frecuente en personas mayores precisamente porque tienen menos actividad física que las personas jóvenes, pero también puede darse a edades más precoces cuando el nivel de inactividad es elevado.
    • Una de las formas más eficaces de conservar el calcio en los huesos es activarse y hacer que los huesos sigan fortaleciéndose y sigan siendo capaces de soportar el peso del cuerpo, de modo que es indispensable favorecer y posibilitar el mayor grado de movilización posible, en función de las limitaciones de movilidad que sufra cada persona.
    • La inactividad provoca una pérdida de masa muscular y una consiguiente pérdida de fuerza, y una reducción del arco articular en las articulaciones.
       
  • Efectos en la circulación de la sangre
    • Cuanto más activa es una persona con mayor vigor bombea la sangre el corazón para hacerla circular por el cuerpo; a la inversa, la inmovilidad y la inactividad pueden conducir a una mala circulación y causar la aparición de varices, úlceras varicosas o trombos, dificultar la cicatrización de las heridas, o provocar inflamaciones, principalmente en los pies y en los tobillos.
    • Por otra parte, si no se mueve con regularidad, el cuerpo va perdiendo su capacidad para adaptarse con rapidez a los cambios de postura, de modo que si, por ejemplo, una persona se levanta muy rápidamente de una silla puede sufrir un ligero mareo debido a una súbita disminución en la presión arterial. Es importante tenerlo en cuenta cuando se ayuda a una persona a ponerse de pie o a levantarse de la cama, y dejarle el tiempo necesario para recuperar el equilibrio.
       
  • Efectos en la piel
    • La presión sobre una determinada parte del cuerpo durante períodos de tiempo excesivamente prolongados -por ejemplo, cuando una persona permanece sentada demasiado tiempo o tumbada en una misma posición- puede producir desgarros en la piel y originar una escara por presión. Las escaras por presión no son fáciles de curar y requieren mucho tiempo para cerrarse, y si se infectan pueden resultar peligrosas y llegar a requerir una intervención quirúrgica que repare los tejidos, o suponer complicaciones como la amputación de miembros, sepsis generalizada, o incluso la muerte.
    • Es esencial, por lo tanto, motivar y ayudar a las personas a movilizarse con cierta regularidad, y a no permanecer demasiado tiempo en una misma postura:
      • si una persona no es capaz de moverse de forma autónoma y tiene que permanecer encamada, es necesario ayudarle a cambiar de postura varias veces al día (una pauta ampliamente aceptada establece una frecuencia mínima de movilización cada dos horas);
      • si una persona está en silla de ruedas será necesario, en lo posible, enseñarle a incorporarse sola sujetándose sobre sus brazos, brevemente pero con regularidad.
    • Como en el resto de las actividades y de los apoyos, es necesario adecuar el nivel de ayuda de forma individual, proporcionando sólo la necesaria, es decir no más apoyo del que la persona necesita para responder y para asegurar el nivel máximo de independencia (por ejemplo, si el apoyo verbal es suficiente, no conviene proporcionar apoyo físico).
       
  • Efectos en el sistema respiratorio
    • La falta de actividad y el mantenimiento también afecta al sistema respiratorio, que va perdiendo capacidad para eliminar eficazmente las secreciones y mantener libres las vías respiratorias, lo que aumenta el riesgo de infecciones pulmonares y el riesgo de neumonía.
    • La pérdida de fuerza muscular tiene como consecuencia un aumento de la fatiga y una respiración más superficial.
       
  • Efectos en el aparato digestivo
    • La falta de actividad y la permanencia en la misma postura durante periodos de tiempo muy prolongados puede derivar en una serie de problemas digestivos: hernia de hiato, estreñimiento crónico, falta de control de esfínteres, etc.
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