Ir directamente al contenido

Consecuencias emocionales y conductuales del Daño Cerebral Adquirido

Ansiedad

La ansiedad es un sentimiento de temor y nerviosismo desproporcionado con respecto a la situación que lo genera.

Con frecuencia, las personas que han pasado por una experiencia tan traumática como el daño cerebral adquirido viven con ansiedad las situaciones que suponen para ellas un reto o un desafío por su novedad o por su dificultad. La incapacidad para afrontar esas nuevas vivencias puede provocar problemas y fobias que hacen que la persona afectada pierda la confianza en sí misma y sea cada vez más dependiente. La vida después de la lesión es muy estresante, de modo que son muy frecuentes síntomas como los ataques de pánico, la constante preocupación y la fuerte tensión.

En algunos casos, las personas que padecen daño cerebral adquirido pueden sentir ansiedad sin saber por qué razón se sienten así; también pueden sentir ansiedad atribuible a causas específicas (por ejemplo, la preocupación que sienten cuando cometen muchos errores o fallos en la realización de determinadas actividades o tareas o cuando se sienten criticadas). Por otra parte, muchas situaciones que, con anterioridad a la lesión, no suponían ningún problema, pueden resultar mucho más difíciles de sobrellevar o de soportar después: por ejemplo, encontrarse en medio de una muchedumbre o tener que adaptarse a un cambio imprevisto en el plan del día.

Algunas personas pueden sufrir súbitas crisis de ansiedad muy difíciles de controlar (ataques de pánico). En estos casos, la ansiedad puede relacionarse con una situación muy estresante -por ejemplo, una situación similar a la que originó el daño cerebral- que la persona revive mentalmente de forma continuada e interfiere en su sueño (trastorno de estrés postraumático). Dado que cada tipo de ansiedad requiere un tratamiento específico, es esencial que la ansiedad sea siempre diagnosticada por un especialista en salud mental.

¿Cuáles son sus causas?

  • Indudablemente, la dificultad inherente al propio proceso de adaptación a la nueva situación de discapacidad y a la sensación de pérdida de control sobre su futuro puede generar ansiedad.
  • La dificultad para razonar y para concentrarse puede originar importantes dificultades para resolver problemas y esto puede hacer que la persona se sienta superada, especialmente cuando tiene que tomar una decisión.
  • La ansiedad suele presentarse cuando la persona se siente presionada con demasiadas demandas o con demandas a las que todavía no es capaz de enfrentarse: por ejemplo, sentir la presión de volver al trabajo en un plazo demasiado breve. Las prisas actúan muy claramente sobre la ansiedad, lo cual debe tenerse muy presente a la hora de respetar su ritmo en las actividades de la vida diaria, en su alimentación, en sus movimientos, en su comunicación.
  • Las situaciones que requieren mucha atención y que exigen procesar la información también son una fuente habitual de ansiedad: por ejemplo, estar en un entorno muy concurrido, en medio de un tráfico muy denso o en un sitio muy ruidoso.


¿Qué síntomas puede tener?

  • Mostrarse físicamente tensa, de forma constante.
  • Mostrarse excesivamente preocupada, acelerada.
  • Mostrar inquietud e irritabilidad.
  • Presentar trastornos del sueño.
  • Tener el ritmo cardiaco acelerado, la boca seca, exceso de sudoración, inestabilidad, fatiga respiratoria, temblor, náuseas.
  • Sentir pánico o tener la sensación de que va a ocurrir algo malo.

Buenas prácticas

  • Tratar de limitar las demandas del entorno y de reducir las presiones innecesarias que pueden estar generando ansiedad.
  • Tratar de averiguar qué es lo que le preocupa o inquieta.
  • Intentar que conozca a gente que ha pasado por lo mismo y aprender de esas otras experiencias.
  • Sugerirle que escriba un diario, porque, con frecuencia, poner las preocupaciones por escrito contribuye a verlas con mayor objetividad, a relativizarlas y, eso a su vez, tiende a calmar a la persona.
  • Tratar de redirigir a la persona hacia otro tema de conversación, hacia otra actividad o hacia otro espacio.
  • Tratar de reconfortar a la persona y de transmitirle seguridad para ayudarle a recobrar la calma y a reducir su sentimiento de ansiedad.
  • Añadir actividades estructuradas en la rutina diaria, como hacer ejercicio, participar en grupos de autoayuda, etc.
  • Animar a la persona a que hable de sus preocupaciones y sus miedos.
  • Enseñarle formas de relajación y técnicas de control de la ansiedad (relajación muscular, ejercicios respiratorios, meditación o yoga).
  • Algunos medicamentos pueden ayudar a controlar la ansiedad como también la psicoterapia puede contribuir a ello, o una combinación de ambos tipos de tratamiento.
  • Pedirle que realice tareas sencillas para empezar, e ir introduciendo, poco a poco, otras más difíciles.
  • Intentar que la persona no evite las situaciones que le generan ansiedad, para que pueda enfrentarse a sus miedos y vencerlos cuanto antes.
  • Tratar de no suplir a la persona y de no hacer en su lugar las cosas que tiene que hacer, para que consiga recuperar la confianza en sí misma.
  • Animar a la persona a que se relacione con otras personas, aunque evitando los grupos muy numerosos para que no se sienta abrumada.

VOLVER
IMPRIMIR
COMPARTIR

Customización de cookies

Cookies Analytics

Este sitio web utiliza cookies de terceros para cuantificar el número de usuarios y así realizar la medición y análisis estadístico de la utilización que hacen los usuarios del servicio ofertado. Para ello se analiza su navegación en nuestra página web con el fin de mejorar la oferta de productos o servicios que le ofrecemos por medio de la cookie Google Anlytics

Cookies para compartir en redes sociales

Usamos algunos complementos para compartir en redes sociales, para permitirle compartir ciertas páginas de nuestro sitio web en las redes sociales. Estos complementos colocan cookies para que pueda ver correctamente cuántas veces se ha compartido una página.