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Consecuencias cognitivas del Daño Cerebral Adquirido

Los problemas de atención pueden tener diferentes manifestaciones:

  • Incapacidad para distinguir lo que es importante de otras cosas que suceden al mismo tiempo. Por ejemplo, incapacidad de la persona afectada para entender lo que le dice otra si hay algún ruido de fondo (una radio, gente hablando, música).
  • Dificultad para hacer dos cosas a la vez.
  • Atascamiento en un determinado pensamiento. La persona afectada lo repite una y otra vez, sin ser capaz de superarlo y avanzar.
  • Dificultad para concentrarse en una tarea determinada durante un periodo de tiempo establecido: esta dificultad suele determinar que la persona pase de una actividad a otra sin haber finalizado la primera. Suele verse agravada por el cansancio: cuanto más cansada está, más fácilmente se distrae.
  • Negligencia unilateral, consistente en dejar de atender el lado izquierdo del cuerpo y el espacio que lo rodea, así como el lado izquierdo de los objetos que percibe. Se debe al daño de una región concreta del lado derecho del cerebro, la corteza del lóbulo parietal, que se encarga de integrar la información sobre los movimientos y la localización de las partes del cuerpo con la información de la localización de los objetos en el espacio que nos rodea. Las personas con negligencia unilateral pueden, por ejemplo, ponerse únicamente el zapato derecho o peinarse sólo la parte derecha de la cabeza.

La falta de atención y concentración puede verse muy negativamente afectada por el estrés y la preocupación. Se inicia un círculo vicioso: el estrés lleva a una atención pobre, la cual produce más preocupación y estrés y aumenta la dificultad de concentración.


Buenas prácticas

  • Asignar tareas y objetivos aumentando gradualmente su dificultad. Es importante que la tarea no sea demasiado difícil al principio.
  • Tratar de reducir el número de cosas que suceden al mismo tiempo en el sitio en el que se encuentre la persona, para evitar la distracción y facilitar su concentración.
  • Asegurarse de que se cuenta con la total atención de la persona afectada (por ejemplo, mediante expresiones como ´mírame´ o ´escúchame, por favor´), antes de dar instrucciones o hacer preguntas.
  • Acompañar lo que se dice con expresiones faciales, gestos y demostraciones que refuercen el mensaje.
  • Pedirle a la persona que repita lo que le acabamos de decir para asegurarnos de que ha procesado el mensaje.
  • Evitar plantear demasiadas opciones ya que puede provocar confusión. Así, en lugar de preguntar ´¿qué quieres hacer?´, será más efectivo que le demos dos opciones y que pueda escoger la que más le guste.
  • Si la persona afectada se queda estancada en una idea o frase, ayudarla a enfocarse iniciando un nuevo argumento o actividad, evitando en todo caso la confrontación o el cuestionamiento.
  • Explicarle y repetirle las cosas tantas veces como sea necesario para evitar malentendidos y frustraciones.
  • Organizar el entorno para eliminar el ruido y las distracciones (radio, tele, música, otras personas charlando).
  • Desarrollar estrategias para hacer frente a la sobrecarga emocional o de estímulos: por ejemplo, si alguien habla demasiado rápido, no reparar en pedirle que lo repita más despacio.

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