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Cómo tratar la sexualidad en el marco de los servicios de apoyo

Toda sociedad se estructura en tres grandes ámbitos -el público, el privado y el íntimo- y la vida de las personas también se estructura de ese modo. El primero puede ser compartido por toda la comunidad o por un amplio grupo de personas, el segundo está limitado a un número muy reducido de personas (familia, amistades, pareja) y el tercero puede ser compartido o no con alguna persona con la que tenemos una relación de especial cercanía o confianza.

En el caso de las personas con discapacidad, la sobreprotección a la que habitualmente están sujetas y los apoyos y atención constantes que reciben determinan que, en su vida, los límites entre esas tres esferas se diluyan. Este riesgo es particularmente evidente en el caso de las personas con discapacidad intelectual o con grave deterioro cognitivo, ya que puede llevarles a confundir las conductas propias del universo más íntimo y personal con las que se manifiestan en público. Para ellas, no existe ninguna diferencia entre las conductas que son apropiadas en el ámbito público y las conductas que se adecuan al privado, en la medida en que su ámbito íntimo muchas veces es inexistente. Si no se les ofrecen explicaciones claras con respecto a las conductas afectivas y sexuales no saben qué pueden hacer en un ámbito determinado y qué no pueden hacer, y esa falta de conocimiento les lleva a presentar conductas y manifestaciones eróticas desajustadas, que, en algún momento, requerirán algún tipo de intervención.

En la labor profesional surgen necesidades, demandas y dudas que pueden plantear tanto las propias personas con discapacidad como sus familiares al personal que las atiende. En estos casos, conviene que el personal siga los siguientes pasos:

  • 1º. Cuestionarse si es o no necesaria una intervención y si le corresponde a ese o esa profesional.
  • 2º. En caso afirmativo, plantearse si la intervención es posible y cómo podría hacerse, teniendo en cuenta los recursos disponibles.
  • 3º. Ser realista en cuanto a los objetivos alcanzables: tiene que plantearse el límite al que llegará su intervención.


Por otra parte, es fundamental que las y los profesionales de apoyo, tanto cuando ejercen sus funciones en los servicios en contacto diario con las personas usuarias como cuando forman parte del equipo técnico de apoyo, tengan presente que, en determinados casos, puede resultar de gran utilidad contrastar las dudas o plantear una consulta con un servicio especializado en sexología. Un asesoramiento especializado puede ser la clave en determinadas situaciones y es importante que no olvidemos que eso, que es cierto y reconocido para la población general, también debe serlo para las personas con discapacidad.

La privacidad, la intimidad y la dignidad de las personas son el eje en torno al cual deben articulares todas las actuaciones en materia de sexualidad y afectividad.

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