Ir directamente al contenido

¿Cómo se diseñan los Planes de Apoyo Conductual Positivo?

Intervenciones basadas en las consecuencias

Para desarrollar planes de Apoyo Conductual Positivo, se diferencian cuatro componentes clave de la intervención:

  • la modificación de los factores del entorno;
  • la enseñanza de habilidades alternativas;
  • las intervenciones basadas en las consecuencias;
  • las intervenciones basadas en el estilo de vida.

Cada uno de estos cuatro elementos es necesario para que el plan de apoyo funcione y cada uno interactúa con los demás para contribuir a su eficacia a largo plazo. En la práctica, se deben considerar los cuatro componentes de intervención simultáneamente porque son interdependientes y no están ideados para ser aplicados por separado. En esta ficha se describen las intervenciones basadas en las consecuencias. 

 

¿En qué consisten las intervenciones basadas en las consecuencias?

Aunque se integran en los planes de Apoyo Conductual Positivo, las intervenciones basadas en las consecuencias –es decir, en lo que las  personas que se encuentran en su entorno hacen tras la ocurrencia de la conducta problemática–, no constituyen su componente más importante y sólo resultan realmente eficaces cuando se aplican junto con otros componentes del plan, en particular con la enseñanza de habilidades alternativas.

En efecto, las estrategias basadas en las consecuencias tienen principalmente dos finalidades: por un lado, reforzar a la persona cuando recurre a habilidades alternativas y, por otro, reducir la eficacia de las conductas problemáticas (es decir, su eficacia para la obtención del resultado perseguido con su ocurrencia), si éstas continuaran ocurriendo.

Con estas estrategias se trata, por lo tanto, de demostrar a la persona con discapacidad que las habilidades alternativas son más eficaces para alcanzar los resultados que ella desea y que las conductas problemáticas son menos eficaces o totalmente ineficaces, además de socialmente inadecuadas, para conseguir sus objetivos.

En este tipo de intervenciones también se incluyen estrategias de manejo de crisis, entendiendo por tales las estrategias reactivas que se utilizan para proteger a las personas que presentan conductas problemáticas que pueden suponer un peligro para sí mismas o para otras personas o que pueden causar daños materiales (conductas de agresión, autoagresión o destrucción). No obstante lo anterior, las estrategias de manejo de crisis no cumplen una función de enseñanza en el marco del plan de Apoyo Conductual Positivo, sino que se utilizan como procedimiento de emergencia dirigido a proteger tanto a la persona que presenta la conducta problemática, como a las personas y los bienes materiales del entorno, y a disminuir la intensidad de las situaciones de crisis cuando otras estrategias integradas en el plan de apoyo conductual han fallado en la prevención de la aparición de conductas peligrosas.

Cuando planifique estrategias basadas en las consecuencias considere cómo van a responder usted y las demás personas de su entorno, tanto cuando la persona recurra a las habilidades alternativas que ha aprendido como cuando presente la conducta problemática.

Como en todos los tipos de estrategias que se integran en un plan de apoyo conductual, no existe una única vía que pueda considerarse la mejor o la más eficaz para incrementar el uso de las habilidades alternativas y para disminuir los incidentes de conductas problemáticas, y que pueda aplicarse en todos los casos. La fórmula elegida debe irse diseñando progresivamente, en cada caso, atendiendo a la capacidad individual, a la capacidad de comprensión y a las características que se hayan observado en el marco de la evaluación de la conducta problemática y que se hayan integrado en las hipótesis.

                    

 

Preguntas guía para la planificación de intervenciones basadas en las consecuencias

Las siguientes preguntas-guía pueden servir de referencia para planificar este tipo de estrategias:
 

  • ¿Cómo reforzar a la persona cuando recurra a las habilidades alternativas que ha adquirido para que vea que son más eficaces que las conductas problemáticas en la obtención de lo que persigue?
    • Es importante recordar que su objetivo es enseñarle que puede conseguir lo que desea de forma más eficaz si utiliza habilidades alternativas; para ello conviene reforzar el uso de las habilidades alternativas a la vez que se disminuyen o eliminan los refuerzos o recompensas tras la ocurrencia de las conductas problemáticas.
      • En consecuencia, deben idearse estrategias de refuerzo para cada habilidad alternativa que esté tratando de enseñar. Cuando se enseña una habilidad alternativa, la consecuencia más adecuada, y también la más eficaz y la más potente, es una respuesta consistente que produzca el mismo resultado que la conducta problemática. Por ejemplo, volviendo al ejemplo de Jon, cuando éste anuncia “ya lo he hecho”, el personal debe responder rápidamente retirándole las piezas y las bolsas, mostrando así que la actividad ha finalizado. La inmediatez y la consistencia –es decir, la aparición de la misma respuesta cada vez que la persona hace uso de la habilidad alternativa que se le está enseñando– son esenciales para reforzar el uso de las habilidades alternativas, porque sólo ellas permiten que la persona se dé cuenta de que el uso de esa alternativa resulta más eficaz que la conducta problemática. Si durante el aprendizaje inicial se retrasa la respuesta (por ejemplo: “haz 5 tareas más Jon, por favor”) o ésta es inconsistente (por ejemplo, el personal algunas veces felicita a Jon cuando comunica que ya ha finalizado, y otras no), es posible que la persona no asocie directamente la habilidad alternativa con la obtención de su objetivo y por lo tanto siga recurriendo a la conducta problemática. Por otra parte, resulta esencial hacer un uso habitual del refuerzo social, aplicándolo no sólo de manera reactiva a la consecución de resultados, sino también de forma más aleatoria, en base a esos mismos resultados, con el fin de predisponer a la persona a seguir esforzándose para conseguirlos.
      • Para fortalecer el uso de habilidades generales y habilidades de afrontamiento o tolerancia, es necesario desarrollar estrategias de refuerzo apropiadas. Siempre que sea posible, conviene seleccionar consecuencias naturales de la habilidad objetivo –como por ejemplo felicitar a la persona por sus resultados, facilitar el acceso a actividades de interacción social o a actividades que le resultan muy atractivas–, con el fin de que continúe utilizando las habilidades alternativas en los entornos cotidianos. También puede considerarse el recurso a refuerzos que ocurren de forma menos natural, tales como ayudarle a autorregistrar las veces que consigue controlar su conducta, ganar ciertos privilegios u otras recompensas, pudiendo optar por reservar este tipo de refuerzos cuando se trate de habilidades alternativas que resulten particularmente difíciles de aprender (por ejemplo, enseñarle a una persona a controlar su sentimiento de rabia durante situaciones estresantes, puede requerir, por lo menos inicialmente, algún incentivo suplementario).
         
  • ¿Cómo responder cuando la persona presente la conducta problemática? ¿Cómo enseñarle que la conducta problemática no va a ser eficaz, eficiente o deseable en el futuro porque no volverá a producir los resultados deseados?
    • Para ir reduciendo la eficacia de las conductas problemáticas cabe recurrir simplemente a estrategias consistentes en ignorar la ocurrencia de la conducta problemática, es decir, en responder como si no hubiera ocurrido. En los casos en los que la naturaleza o la  gravedad de la conducta problemática no permitan ignorarlos, cabe reorientar a la persona hacia otra actividad o también ofrecerle apoyo para que recurra a las habilidades alternativas que está adquiriendo.
    • Para ayudarle a entender que las conductas problemáticas no son apropiadas, puede considerarse también la posibilidad de darle una retroalimentación correctiva que le indique claramente los límites y las expectativas conductuales. A veces, puede ser suficiente con la retroalimentación verbal, otras, en cambio, puede ser útil recurrir a intervenciones más activas, siempre apropiadas a la edad cronológica de la persona, a la vez que su situación cognitiva, y consistentes en exponerle a las consecuencias establecidas por las normas (del centro, de la familia o de la sociedad en general); por ejemplo, pagar por un cristal roto en la vivienda, o perder privilegios –como ver la televisión– en casa. Es esencial que estas consecuencias correctivas sean consistentes y que no sean, en ningún caso, más intrusivas o punitivas que cuando se aplican a otras personas  que se encuentran en ese mismo entorno, tengan o no discapacidad.
    • Por otra parte, debe tenerse en cuenta que la retroalimentación correctiva no tiene que hacerse necesariamente en el momento en el que ocurre la conducta problemática o inmediatamente después, sino que, en función de cuál sea la conducta y de las características de la persona, puede considerarse la oportunidad de esperar a que se haya calmado para recordarle las consecuencias que va a tener su conducta, en la medida en que hacerlo antes puede provocar un incremento o una reaparición de la crisis.
       
  • La tercera cuestión se refiere al manejo de crisis y se debe considerar cuando existe el riesgo de que la persona presente conductas problemáticas muy serias. ¿Qué podemos hacer para disminuir la intensidad de las situaciones de crisis y proteger a la propia persona con discapacidad y a otras de su entorno de posibles daños físicos?
    • A la hora de diseñar planes de intervención para situaciones de crisis, es necesario:
      • definir cuidadosamente qué constituye una situación de crisis;
      • describir los procedimientos de intervención y quiénes van a intervenir en su aplicación;
      • identificar los recursos necesarios para llevar a cabo el plan, tales como modificar el programa de actividades o llamar a otro miembro del personal para pedirle ayuda.
    • Los planes de manejo de crisis deben diseñarse en relación con las tres fases que presenta cualquier crisis:
      • Durante la fase inicial caracterizada por la escalada de la intensidad, hay que tratar de determinar cómo se puede evitar la crisis. ¿Existe algún indicio previo de que va a producirse una crisis (por ejemplo, está más agitada, presenta verbalizaciones estereotipadas)? En el momento en que aparece esa primera señal, se le puede tratar de calmar y se puede tratar también de modificar la situación potencialmente peligrosa (por ejemplo, hablarle pausadamente, disminuir el nivel de actividad y ruido en la habitación).
      • En la fase de explosión de la crisis considere procedimientos de emergencia que protejan de posibles daños tanto a la persona que la presenta como a las que le rodean. La restricción física es quizá la respuesta  más habitualmente aplicada en esta fase, pero deben considerarse actuaciones alternativas, también con una finalidad protectora, como por ejemplo poner una almohadilla debajo de la cabeza de la persona para prevenir la autoagresión o sacar a las demás personas de la habitación en que tiene lugar la crisis. Elija los medios más seguros y menos intrusivos.
      • En la fase decreciente, en que la conducta va disminuyendo en intensidad, cabe considerar estrategias que puedan calmar a la persona (y a las demás personas) y que prevengan que surja otra crisis.
    • Recuerde, las intervenciones de manejo de crisis sólo deben utilizarse en situaciones de emergencia, no sirviendo como estrategia de actuación dirigida a reducir las conductas problemáticas a largo plazo. Si se observa la necesidad de recurrir continuamente a este tipo de estrategias de manejo porque se producen crisis con mucha frecuencia, puede ser un indicio de que otros componentes del plan de apoyo no están funcionando adecuadamente y de que, por lo tanto, conviene someterlos a evaluación y modificación.

En síntesis, las estrategias basadas en las consecuencias se aplican con el objetivo de reforzar a la persona cuando utiliza habilidades alternativas, a la vez que se va disminuyendo la eficacia de las conductas problemáticas. También se usan en situaciones de emergencia para proteger a la propia persona y a otras de su entorno  de posibles daños físicos.


Pautas de Buenas Prácticas para la Planificación de Intervenciones basadas en las Consecuencias

A continuación se presentan algunas consideraciones a tener en cuenta para su adecuada planificación:

  • Asegúrese de que las estrategias basadas en las consecuencias se aplican junto con otros componentes durante la intervención. No cometa el error de recurrir únicamente a estrategias basadas en las consecuencias por su gran eficacia a corto plazo (es decir, porque obtienen resultados muy inmediatos); es esencial tener siempre presente que estas estrategias no servirán para obtener resultados duraderos si no se aplican junto con estrategias basadas en los antecedentes, es decir en la enseñanza de habilidades alternativas o en la modificación de las condiciones que inciden en la ocurrencia de las conductas problemáticas. No olvide que utilizar únicamente estrategias basadas en las consecuencias puede llevarle a tener que recurrir a intervenciones cada vez más intrusivas.
     
  • Es esencial que entienda cómo se relacionan las estrategias basadas en las consecuencias con sus hipótesis. En otros términos, debe saber cómo cada una de las estrategias seleccionadas motivará a la persona en el uso de habilidades alternativas a la vez que le desanimará a utilizar la conducta problemática atendiendo a los factores determinantes de la ocurrencia de las conductas problemáticas identificados en las hipótesis y atendiendo a la capacidad de comprensión de la persona. Por ejemplo, no tiene sentido usar el “tiempo fuera” (por mucho que esa sea la norma general establecida para el grupo de vivienda o de taller) cuando Jon da puñetazos en la mesa para terminar una tarea, porque tal estrategia sólo podría enseñarle a dar puñetazos más a menudo como una forma eficaz de terminar con la actividad. Es igualmente inapropiado utilizar una consecuencia que supere la capacidad de comprensión de la persona (por ejemplo, que pague la mesa rota si no entiende el valor del dinero).
     
  • Asegúrese de que todos los miembros del personal entienden qué es el manejo de crisis, qué es una emergencia y cómo responder a la misma. Al recurrir a estrategias de manejo de crisis, debe aplicar los medios menos restrictivos para prevenir que la persona que presenta la crisis se dañe a sí misma o a otras personas del entorno, o provoque daños materiales.  Pregúntese por ejemplo: ¿Podemos eliminar el mobiliario? ¿Podemos pedir a los demás que salgan de la habitación? ¿Podemos parar la autoagresión alejando a la persona de la pared o de otras superficies duras? Si la restricción física es la única opción segura, entonces debe extremar el cuidado para asegurarse de que dicha intervención nunca sea abusiva:
    • nunca debe usarla como castigo o para forzar a la persona a cumplir con lo que se le pide;
    • nunca se debe  inmovilizar a una persona con un tipo de restricción más intenso de lo necesario ni por más tiempo del necesario para restablecer una situación de seguridad;
    • nunca debe permitir que el uso de la restricción física dé lugar a un pulso entre quien aplica la restricción y la persona que presenta la crisis.
      A estos efectos, es indispensable:
    • Contar con un protocolo pautado que señale cómo actuar en estos casos: en qué casos hay que intervenir, cómo hay que actuar, quiénes deben actuar, durante cuanto tiempo, en qué lugar, y otras variables que puedan incidir en el intervención.
    • Formar al personal de apoyo en la aplicación de estas técnicas.
    • Informar a las personas que tengan la representación legal de la persona con discapacidad, ya sean familiares o tutores sin vínculo de parentesco, y contar con su consentimiento para la aplicación de estas medidas.
       
  • Asegúrese de que las consecuencias aplicadas son apropiadas a la edad, son respetuosas y se ajustan a las características de los entornos inclusivos. Estos son los criterios mínimos para facilitar la inclusión sin estigmatizar ni ridiculizar a la persona.

VOLVER
IMPRIMIR
COMPARTIR

Customización de cookies

Cookies Analytics

Este sitio web utiliza cookies de terceros para cuantificar el número de usuarios y así realizar la medición y análisis estadístico de la utilización que hacen los usuarios del servicio ofertado. Para ello se analiza su navegación en nuestra página web con el fin de mejorar la oferta de productos o servicios que le ofrecemos por medio de la cookie Google Anlytics

Cookies para compartir en redes sociales

Usamos algunos complementos para compartir en redes sociales, para permitirle compartir ciertas páginas de nuestro sitio web en las redes sociales. Estos complementos colocan cookies para que pueda ver correctamente cuántas veces se ha compartido una página.