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Salud mental en personas con discapacidad

Trastornos del estado de ánimo

LA DEPRESIÓN

  • Síntomas
    • La depresión se caracteriza por un estado de tristeza, fatiga o cansancio, dificultades de concentración y memoria, y falta de interés por actividades que antes resultaban gratificantes. Asimismo, pueden aparecer problemas de sueño (insomnio o hipersomnia), aumento o disminución del apetito, pérdida de interés por el sexo, molestias corporales (náuseas, jaquecas o dolores) y lentitud o agitación motriz. La depresión implica sufrimiento para la persona, de modo que requiere atención sanitaria especializada.
    • En las personas con discapacidad intelectual o con deterioro cognitivo, la depresión, además de los síntomas mencionados, puede presentar otras formas, especialmente cuando los niveles de funcionamiento cognitivo son muy bajos. Es de especial importancia tener en cuenta las conductas que manifiesta persona, porque lo central en la depresión, esa inmensa tristeza y pérdida del disfrute de vivir, puede manifestarse en forma de conductas problemáticas, como sucede con los niños. También podemos encontrar otros síntomas atípicos tales como vómitos cíclicos, delirios erotomaníacos (la creencia ilusoria de que otra persona, generalmente de un estatus social superior, está enamorada de ellos) o empeoramiento de la pica (ingesta de sustancias no comestibles).
    • Otros síntomas característicos de la depresión, como la culpa, las ideas de suicidio, la ralentización del pensamiento o la disminución de la autoestima, al requerir un determinado desarrollo cognitivo, se dan con menor frecuencia en personas con discapacidad intelectual o con grave deterioro cognitivo.
    • En determinados síndromes se observa una mayor predisposición a la aparición de la depresión; es el caso del síndrome de Down o del autismo.
  • Posibles causas.
    • Genética. Antecedentes en uno o varios miembros de la familia pueden indicar una transmisión genética.
    • Personalidad previa a la aparición de la enfermedad:
      • Personas pasivo-dependientes (con poca iniciativa, más tendencia a obedecer);
      • Personas con otros trastornos de la personalidad.
    • Alteración de componentes bioquímicos. Los componentes bioquímicos a los que se alude son las sustancias que regulan la capacidad de razonar, de pensar, planificar, querer, odiar, memorizar. Existen tres neurotransmisores que juegan un gran papel en nuestro estado de ánimo: la Serotonina, la Noradrenalina y la Dopamina.


EL TRASTORNO BIPOLAR

El trastorno bipolar, también conocido como Trastorno Maníaco Depresivo, se caracteriza por la presencia de estados maníacos y depresivos que suelen alternarse de una forma cíclica.

  • Síntomas:
    • El trastorno bipolar se caracteriza por un aumento desproporcionado de la energía y de la actividad. Suele aparecer inquietud, pensamientos rápidos y habla rápida. Estos síntomas pueden ser difíciles de apreciar en las personas con discapacidad intelectual, ya que su ritmo habitual suele ser más lento del que es habitual en las demás personas. Así, el aumento de energía característico de los estados maníacos puede dar lugar a un incremento en la actividad que, a simple vista, no resulte llamativo, pero que, si conocemos bien cuál es el ritmo habitual -es decir, el umbral del que parte la persona- sí podríamos detectar. Por ello, conocer el estado habitual de actividad de la persona resulta de vital importancia para percibir los cambios.
      • Por otra parte, pueden aparecer creencias o convicciones derivadas de esa exaltación del estado de ánimo, como por ejemplo:
        • negar la existencia de determinados problemas;
        • sentirse eufórico y tener la sensación de que nada ni nadie, ni las malas noticias ni los eventos trágicos, pueden afectar a ese eufórico estado de felicidad;
        • experimentar infundados sentimientos de optimismo y de confianza en las propias habilidades y capacidades.
        • Como sucede con el aumento de energía referido en el párrafo anterior, es necesario permanecer muy atentos y valorar la nueva situación en contraste con la forma de ser de la persona antes de que apareciera la enfermedad.
  • Por último, pueden aparecer otros síntomas muy significativos:
    • irritabilidad extrema (lo que en personas con discapacidad intelectual puede adoptar la forma de alteraciones en la conducta);
    • déficit de concentración;
    • falta de sueño (pudiendo estar días sin dormir o sin sentirse cansado);
    • aumento del deseo sexual.
    • Así como en las personas sin discapacidad intelectual, suelen aparecer entre uno y dos episodios anuales de euforia o tristeza, los datos indican que en el caso de las personas con discapacidad intelectual, los cambios entre fases suelen ser mucho más rápidos, dándose cuatro o más episodios al año, pero de menor duración.
  • Existe una fase depresiva en la que el riesgo de que existan ideas autolíticas es muy elevado. Esta fase cursa con síntomas tales como bajo estado de ánimo, trastornos en la alimentación y el sueño, sentimiento de desesperanza, pensamientos acerca de la muerte, apatía, desinterés y aislamiento social.
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