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¿Cómo se diseñan los Planes de Apoyo Conductual Positivo?

Enseñanza de habilidades alternativas

Para desarrollar planes de Apoyo Conductual Positivo, se diferencian cuatro componentes clave de la intervención:

  • la modificación de los factores del entorno;
  • la enseñanza de habilidades alternativas;
  • las intervenciones basadas en las consecuencias;
  • las intervenciones basadas en el estilo de vida.

Cada uno de estos cuatro elementos es necesario para que el plan de apoyo funcione y cada uno interactúa con los demás para contribuir a su eficacia a largo plazo. En la práctica, se deben considerar los cuatro componentes de intervención simultáneamente porque son interdependientes y no están ideados para ser aplicados por separado.El objetivo del Apoyo Conductual Positivo es enseñar a las personas con discapacidad que presentan conductas problemáticas medios alternativos para conseguir los mismos resultados que persiguen cuando recurren a dichas conductas.Normalmente, las personas con discapacidad presentan conductas problemáticas por diversas razones:

  • bien, no disponen de las habilidades necesarias para responder a sus necesidades;
  • bien han aprendido que con sus conductas problemáticas suelen conseguir los resultados deseados;
  • bien sus conductas se asocian a un daño orgánico y no les es posible controlarlas.

En los dos primeros casos, la finalidad del Apoyo Conductual Positivo no es ignorar los objetivos o los resultados que persiguen, sino ayudarle a conseguirlos mediante habilidades alternativas más eficaces y eficientes. La enseñanza de habilidades alternativas contribuye a la reducción a largo plazo de las conductas problemáticas en la medida en que las personas se vuelven capaces de conseguir los resultados deseados por medios más adaptados, evitando que ocurran situaciones problemáticas y afrontando de forma eficaz las situaciones difíciles. De esta manera, además, se vuelven menos dependientes de la intervención del personal.La enseñanza de habilidades alternativas presenta tres modalidades:

  • enseñanza de habilidades que reemplazan las conductas problemáticas, que denominaremos habilidades alternativas en sentido estricto;
  • enseñanza de habilidades generales;
  • enseñanza de habilidades de afrontamiento o tolerancia.
     

A continuación se define cada una de estas modalidades y se ofrecen ejemplos para todas ellas.

                             

  • Habilidades alternativas en sentido estricto
     
    • La primera modalidad de enseñanza, la de habilidades alternativas en sentido estricto, consiste en enseñar a la persona con discapacidad a utilizar, en las situaciones o en los entornos que le resultan problemáticos, conductas que le sirvan para la misma función que la conducta problemática. Se trata, por lo tanto, de idear qué habilidades podrían servir para esa misma función.
      • Por ejemplo: si Jon da puñetazos en la mesa cuando quiere concluir inmediatamente una tarea que todavía no ha finalizado, cabría enseñarle a comunicar algo así como "ya lo he hecho" o "ya he terminado", lo cual evitará la conducta problemática y ofrecerá un mejor contexto para que Jon pueda, tras un descanso, terminar la tarea interrumpida; si Ane cierra las persianas de la sala cuando quiere que su madre encienda el dvd, la conducta alternativa podría ser que aprendiera a comunicar algo así como "vídeo, por favor".
      • Otros ejemplos: enseñar a la persona con discapacidad a decir o comunicar "necesito ayuda" para reemplazar una conducta consistente en golpearse la cabeza cuando se enfrenta a tareas difíciles; enseñarle a iniciar interacciones sociales (por ejemplo "Juega conmigo") para reemplazar una conducta consistente en insultar a sus compañeros; enseñarle a jugar con un videojuego para reemplazar su conducta consistente en mover los dedos durante los periodos de descanso.
         
    • La selección de una habilidad alternativa que sirva exactamente para la misma función y para la obtención de los mismos resultados que la conducta problemática es crítico para el éxito. Una vez que la persona descubre que la conducta alternativa puede ser tan eficaz o incluso más eficaz que la conducta problemática para conseguir los resultados deseados, disminuye la probabilidad de que la presente. Dado que una misma conducta problemática puede tener varias funciones para la persona que las presenta, para que el apoyo resulte efectivo, es esencial que se le enseñen tantas conductas alternativas como funciones se hayan identificado para una misma conducta problemática.
       
    • La enseñanza de habilidades alternativas tiene pues un impacto inmediato y conlleva un cambio muy rápido en la conducta. A pesar de ello, no es en sí misma suficiente para erradicar, a largo plazo, la conducta problemática, porque no se centra en las razones subyacentes a dicho problema y, por lo tanto, no dota a la persona de las habilidades necesarias para salvar las situaciones problemáticas. En el caso de Jon, la conducta alternativa consistente en decir "Ya lo he hecho" puede reemplazar de forma eficaz su conducta consistente en golpear la mesa, pero no da solución al hecho de que Jon quiera dejar de trabajar antes de haber finalizado la tarea. ¿Es porque el trabajo es demasiado difícil, porque se cansa rápidamente o porque el trabajo le resulta aburrido? ¿Tiene las habilidades necesarias para realizar su trabajo sin frustrarse? ¿Sabe cómo relajarse y prevenir el cansancio? ¿Sabe elegir entre diferentes actividades o negociar con su profesor su preferencia por determinadas actividades?

       
  • Habilidades generales
    • La enseñanza de habilidades generales consiste en ayudar a la persona a desarrollar competencias que le permitan prevenir las situaciones problemáticas y, en su caso, afrontarlas sin tener que presentar conductas problemáticas.Se trata pues de idear qué habilidades generales -ya sean habilidades sociales, de cuidado personal, de comunicación, de ocio, académicas, u otras- pueden ayudar a la persona a prevenir la ocurrencia de sus conductas problemáticas. A tal efecto, deben considerarse las siguientes cuestiones:
      • ¿Qué factores parecen estar contribuyendo a la situación problemática? ¿Podría ser, por ejemplo, la dificultad de la tarea? ¿La tarea consistente en embolsar piezas resulta excesivamente difícil para Jon?
      • ¿Dispone de habilidades para afrontar efizcazmente estos factores? Por ejemplo: ¿Sabe contar el número de piezas que tiene que introducir en la bolsa?
      • ¿Qué habilidades le podemos enseñar para ayudarle a modificar adecuadamente esa situación? Por ejemplo: ¿Cabría enseñarle a contar hasta 5 para que la tarea le resulte factible y no se frustre?
         
    • El entrenamiento en habilidades generales puede referirse a habilidades muy diversas: de resolución de problemas, de autocontrol, de elección, de comunicación, de interacción social, de aprendizaje, y también de ocio y tiempo libre. Ejemplos: enseñar habilidades de organización que previenen que la persona se frustre cuando se enfrenta a la realización de varias tareas; ampliar las habilidades de interacción social que le ofrecen a la persona más oportunidades de hacer amigos; enseñar a la persona cómo iniciar actividades por sí misma.

       
  • Habilidades para afrontar y tolerar situaciones problemáticas
     
    • Es inevitable que algunas veces la persona con discapacidad tenga que enfrentarse a situaciones que le resultan problemáticas, pero que no puede evitar, y ante las cuales no puede o no debe escapar, o en las que no se puede responder a sus necesidades de forma inmediata. Para tales casos, es necesario enseñarle cómo afrontar o tolerar las situaciones difíciles o tiempos de espera razonables.
       
    • Se trata, entonces, de determinar qué habilidades de autocontrol debe adquirir para ser capaz de afrontar este tipo de situaciones ineludibles: cómo controlar la angustia, cómo esperar pacientemente en una actividad, cómo relajarse cuando se producen situaciones estresantes que persisten durante la realización de actividades que le resultan difíciles. Ejemplos: utilizar técnicas de sensibilización para enseñar a la persona a aceptar exámenes médicos; enseñarle a relajarse en situaciones estresantes; enseñarle habilidades de resolución de conflictos; enseñarle a controlar sus episodios de enfado.

Buenas prácticas para la enseñanza de habilidades alternativas

A la hora de enseñar habilidades alternativas, además de seleccionarlas teniendo en cuenta las tres modalidades indicadas -habilidades alternativas en sentido estricto, habilidades generales y habilidades de afrontamiento y tolerancia-, conviene tener siempre presentes las siguientes cuestiones:
 

  • Asegúrese de que las habilidades alternativas en sentido estricto sirvan exactamente para la misma función que la conducta problemática. Si la habilidad alternativa no produce el mismo resultado en el mismo periodo de tiempo, la persona con discapacidad no la considerará eficaz y por lo tanto no recurrirá a ella.
     
  • Seleccione habilidades fáciles. Cuando seleccione habilidades alternativas, elija aquellas que le resulten relativamente fáciles de aprender a la persona con discapacidad, porque si le supone demasiado esfuerzo para conseguir el mismo resultado que con la conducta problemática, no recurrirá a ella de forma consistente. Por ejemplo: es posible que, para una persona que se pone muy nerviosa y tira cosas al suelo cada vez que necesita un descanso en la actividad que está realizando, sea más fácil aprender a levantar la mano para comunicar que quiere un descanso, que aprender a verbalizarlo, por sencilla que sea la frase.
     
  • Enseñe, en primer lugar, habilidades que produzcan efectos inmediatos. Inicialmente, enséñele aquellas habilidades que produzcan los resultados deseados con rapidez: de este modo, las conductas problemáticas disminuirán rápidamente y el entorno será más favorable a un aprendizaje fácil y agradable.
     
  • Enseñe antes de que ocurra la conducta problemática. Es un error enseñar una habilidad alternativa durante o inmediatamente después de que ocurra la conducta problemática y ello por dos razones básicas: en primer lugar, porque, en esas circunstancias, la persona no suele estar receptiva para aprender; en segundo lugar, porque enseñar después de un incidente puede tener el efecto contrario al deseado, ya que la persona con discapacidad puede interpretar que la secuencia que debe seguir es presentar la conducta problemática y sólo después recurrir a las habilidades alternativas. Por el contrario, enseñar las habilidades alternativas antes de que se presente la conducta problemática le ofrece a la persona con discapacidad la oportunidad de conocer de antemano y aplicar habilidades que le van a ayudar a enfrentarse a la situación problemática cuando se presente. Para ello, puede hacerle practicar la habilidad alternativa en situaciones simuladas o en situaciones reales, recordándole frecuentemente, al inicio de la actividad o de la situación de la que se trate, que debe utilizar las habilidades alternativas (por ejemplo: "recuerda Jon, primero intenta contar las piezas, pero si no lo consigues, pide ayuda").
     
  • Siempre que sea posible, escoja habilidades alternativas que se puedan utilizar en diferentes situaciones y en diferentes entornos. El objetivo es que la habilidad alternativa tenga la mayor utilidad posible y permita evitar la ocurrencia de la conducta problemática independientemente de la situación o del entorno. Cuando las elija, por lo tanto, procure que cumplan estas tres condiciones: que se puedan utilizar en diferentes situaciones, que sean fácilmente comprensibles por otras personas y que sean apropiadas en diversos entornos.
     
  • Asegúrese de favorecer el mantenimiento y la generalización de las habilidades adquiridas. Es importante tratar de que la conducta alternativa aprendida se convierta en un hábito para la persona y sea capaz de trasladarla a los diferentes contextos en los que vive y se desenvuelve.

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