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¿Cómo diseñar una Planificación Esencial del Estilo de Vida?

Vías para la recogida de información

En este proceso es posible recurrir a diversos medios de recogida de información que se complementan: las fases de observación, la aplicación de instrumentos técnicos (en particular, escalas o tests), y la organización de reuniones. Al margen de estas vías es esencial dedicar un tiempo a una cuarta fórmula -la conversación- que, siendo menos formal, puede aportar un tipo de información diferente a la obtenida por las demás vías y que, en todo caso, permite un mayor acercamiento a la persona cuya planificación está en curso y al conjunto de las personas que constituyen su círculo de relaciones. Por su peculiaridad, conviene detenerse a explicar esta particular forma de recogida de información.

Una vez que se ha decidido con quien interesa hablar y qué tipo de información puede facilitar cada una de las personas seleccionadas, hay que pensar en cuál es la mejor forma de llevar la conversación en cada caso.

En este apartado se describen las tres formas básicas de mantener una conversación, debiéndose elegir en cada caso la que mejor se adapte a las circunstancias y a las capacidades de cada persona. Sea cual sea la modalidad elegida, es importante evitar que toda la conversación gire en torno a los siguientes tipos de preguntas, porque no aportan mucha información adicional:

  • Preguntas cerradas, cuya respuesta es sí o no (i.e. ¿te gusta jugar al parchís?) o preguntas que apuntan a una respuesta excluyente (i.e., ¿Qué te gusta más la fruta o el arroz con leche?)
  • Preguntas retóricas, que tienen una respuesta implícita (i.e., aquí nos lo pasamos muy bien ¿te gustaría pasarlo bien con nosotros?).
  • Preguntas en respuesta a las cuales el interlocutor va a intentar complacer a quien hace la pregunta.


Modalidad 1. Una de las formas más fáciles de conversar con alguien es siguiendo una estructura lineal, cronológica, y planteando preguntas abiertas. Así, se parte del comienzo del día, del momento de levantarse, y se va avanzando poco a poco a lo largo del día, por intervalos, tratando de saber cómo transcurre cada uno de esos periodos y qué aspectos le agradan o desagradan a la persona. Es importante, sobre todo cuando la persona con la que conversa es la persona interesada o alguna otra persona con discapacidad, tratar de sostener su atención e intentar que cuente anécdotas que ilustren lo que quieren expresar. Por otra parte, hay que estar preparados para adaptar este enfoque a las circunstancias y capacidades de la persona: no todo el mundo puede expresar con claridad qué le parece bueno o agradable y qué le parece malo, pero sí puede describir en detalle el discurrir del día y, en ese marco, expresar su mayor o menor atractivo.

Modalidad 2. Una segunda forma de llevar la conversación consiste en empezar de forma similar a la anterior, avanzando a lo largo del día, pero tratando, simultáneamente, de crear oportunidades y de estimular a la persona para que cuente anécdotas que ilustren cómo es para ella un buen día o un mal día, aunque estas anécdotas no se refieran al momento del día que se esté tratando en la conversación sino a otras facetas de su vida. Por ejemplo, si la conversación empezó con el desayuno, podría derivar hacia aspectos complementarios o accesorios, por ejemplo, podría indicar que el médico le prohibió que tomara dulces porque tiene diabetes, o que en vacaciones, suele elegir tomar un zumo y tostadas con mantequilla. La conversación se aleja así del trazado lineal, del punto de inicio, y, por lo tanto, una vez finalizado el paréntesis, habrá que retomar el hilo de la conversación, volviendo al hilo conductor, es decir, el transcurso del día, preguntando, "¿y qué suele hacer después del desayuno?".

Modalidad 3. Un último estilo de conversación, el más natural pero también el más difícil, consiste en lanzar la conversación con cualquier pregunta que lleve a saber lo que es importante en la vida de la persona en aquellas áreas que la persona con la que se está hablando conoce bien. Requiere mucha habilidad porque es necesario mantener la fluidez de la conversación sin dejar de cubrir el conjunto de materias que se quieren abordar y los diferentes momentos del día cuyo discurrir se desea conocer, y, complementariamente, estar atento a cualquier comentario o información inesperada que la persona pueda aportar.

Durante la conversación, sea cual sea la modalidad adoptada, conviene tomar notas de los diferentes aspectos y, en particular, de las posibles contradicciones o de los elementos que resulten más confusos.

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