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Pautas para el desarrollo de la educación afectivo-sexual en personas con discapacidad

Los programas de educación sexual deben desarrollarse desde un enfoque positivo de la sexualidad. Hasta el presente, sin embargo, esta óptica no ha tenido ningún protagonismo en el diseño y la aplicación de dichos programas, centrándose principalmente en aportar información para la prevención de riesgos.Por otra parte, los programas de educación sexual deben extender su foco de intervención y dirigirse no sólo a las personas con discapacidad, sino también a sus familias y a las y los profesionales que les prestan apoyos. En su diseño, sin duda, las fórmulas más eficaces son las que se ajustan al enfoque de la planificación centrada en la persona.A continuación, se propone un modelo o ejemplo de programa de educación afectivo-sexual que podría servir como guía o referencia a los distintos servicios de apoyo a la hora de diseñar un programa específico de aplicación en su propio contexto. En coherencia con la filosofía que esta Guía, el programa propuesto se ajusta al modelo biográfico-profesional y al enfoque de planificación centrada en la persona. Integra tres módulos: uno dirigido a las y los profesionales; otro dirigido a las familias; otro dirigido a las personas con discapacidad.El programa puede ser diseñado e impartido por los psicólogos y psicólogas del servicio o, alternativamente, por profesionales externos especializados en sexología.
 

Formación dirigida a las y los profesionales

El trabajo con el personal de atención debe plantearse desde dos ámbitos: la formación y el trabajo en grupo.

  • Formación, interesa programar un curso intensivo, de entre 15 y 20 horas de duración, en el que se trabajen los siguientes contenidos:
    • La importancia de la sexualidad y la afectividad en las personas con discapacidad.
    • La importancia de las habilidades de comunicación interpersonal necesarias en el medio social, especialmente para el ámbito afectivo.
    • Las necesidades y habilidades relacionales de las personas con discapacidad, así como las habilidades de comunicación.
    • Las falsas creencias y los mitos en relación con la sexualidad de las personas con discapacidad.
    • Los derechos de las personas con discapacidad con respecto a la sexualidad y a las relaciones afectivas.
    • La importancia de la educación sexual en las personas con discapacidad.
    • Las dificultades y limitaciones existentes para la satisfacción de necesidades afectivo-sexuales en las personas con discapacidad.
    • La vulnerabilidad ante el abuso sexual.
    • Los criterios de salud sexual.
    • Las prácticas de riesgo.
       
  • Trabajo en grupo. Recibida esta formación, es recomendable dedicar un tiempo al trabajo grupal, para reflexionar sobre el contenido del curso, definir y delimitar el papel desde el que las y los profesionales implicados en el programa desarrollarán sus funciones, consensuar opiniones y establecer los objetivos con vistas a la preparación de un programa de intervención.
     

Formación dirigida a las familias

El programa de formación dirigido a las familias debe ajustarse a los siguientes pasos:

  • Formación
    • Explicar la importancia de la sexualidad y la afectividad en las personas con discapacidad y la necesidad de abordar estas cuestiones con su familiar con discapacidad.
    • Solicitar su colaboración para trabajar la formación en sexualidad y afectividad con su familiar con discapacidad y, en su caso, solicitar la colaboración de otros familiares o personas cercanas, en función del grado de confianza que tengan con la persona con discapacidad, y siempre que esta última esté de acuerdo con ello, en el marco de la planificación centrada en la persona.
    • Consensuar las líneas generales de intervención, dejando claros los siguientes principios básicos:
      • Las personas con discapacidad tienen necesidades y derechos sexuales y afectivos.
      • Para que puedan ejercer sus derechos de forma efectiva, es necesario darles oportunidades reales de relacionarse con otras personas: crear entornos que faciliten las relaciones, dotas a los servicios de zonas de estar atractivas, posibilitar momentos de socialización fuera de los servicios, salidas sin familiares...
    • Definir, en el marco de la planificación centrada en la persona, en la que participa la persona interesada, las pautas de apoyo que se seguirán con su familiar con discapacidad.
       
  • Trabajo en grupo. Crear grupos de trabajo para discutir y comentar temas básicas:
    • Temores más habituales de las familias.
    • Falsas creencias sobre la sexualidad de las personas con discapacidad.
    • Análisis del grado de comunicación que tienen sobre estos temas con su familiar con discapacidad.
    • Comentarios sobre las manifestaciones sexuales que han observado en su familiar con discapacidad y cuál ha sido su forma de afrontarlo.
    • Planteamiento de sus dudas y dificultades para abordar estas cuestiones con su familiar.
       

Formación dirigida a las personas con discapacidad

  • Objetivos. Con las personas con discapacidad, los objetivos principales del programa educativo son los siguientes:
    • Desarrollar conocimientos sobre sexualidad adaptados a sus capacidades e intereses.
    • Aprender habilidades de comunicación interpersonal necesarias en el medio social, especialmente para el ámbito afectivo.
    • Fomentar la autoestima y las actitudes positivas hacia el propio cuerpo y hacia la sexualidad.
    • Adquirir hábitos saludables con el propio cuerpo.
    • Aprender a prevenir y reconocer situaciones de riesgo asociadas a la actividad sexual.
    • Interiorizar criterios básicos de salud sexual.
    • Aprender a pedir los apoyos necesarios.
    • Aprender a decir NO.
    • Adquirir una ética de las relaciones interpersonales en la que prime la igualdad entre los sexos y el respeto a la voluntad de uno mismo y de las demás personas.
       
  • Planificación de la formación. Antes de iniciar la impartición del programa educativo, será necesario planificarlo considerando los siguientes aspectos:
    • Diseñar los grupos teniendo en cuenta que no deben ser ni demasiado heterogéneos ni demasiado numerosos (un máximo de entre 8-10 usuarios por grupo).
    • Planificar los recursos disponibles antes de iniciar las actividades, para que resulten accesibles a todas y todos los participantes.
    • Determinar el espacio en el que se llevará a cabo el programa.
    • Establecer el calendario y fijar los horarios, teniendo presente que no conviene ni que el curso sea demasiado largo ni que las sesiones se alarguen en exceso, para no desmotivar.
    • Determinar quiénes serán las y los profesionales que impartirán el programa.
    • Prever un tiempo para reunirse periódicamente y analizar problemas, dudas, etc. Que vayan surgiendo a lo largo del programa.
       
  • Metodología. Es importante planificar la metodología que vamos a utilizar:
    • Debe ser activa, participativa, flexible, adaptada a las necesidades.
    • Las y los profesionales que impartan el programa tienen que estar familiarizados con las técnicas y estrategias que se aplicarán.
    • Las y los profesionales tienen que explicar bien los objetivos que se persiguen antes de cada actividad y resumir lo que se ha hecho al finalizarla, para conseguir una mayor implicación de las personas destinatarias.
    • Las propuestas pueden planificarse para grupos o de manera individual, teniendo siempre presente que algunos aspectos concretos deberán abordarse necesariamente de forma individual.
    • Algunas de las actividades requieren una colaboración más intensa de la familia.
    • Los programas pueden proponer un amplio repertorio de actividades, que podrán realizarse o no en función de las necesidades del grupo concreto con el que se esté trabajando.
       
  • Grupos de trabajo. Para poder obtener los mejores resultados de la formación, el primer paso es distribuir a los participantes en grupos de trabajo, adoptando como criterio de agrupación las particulares necesidades o intereses de cada persona; como se ha dicho, los grupos estarán compuestos por un máximo de 10 miembros. Lo anterior, lógicamente, no excluye que, en determinados supuestos, se realicen intervenciones individualizadas si la situación lo requiere.
    El método más efectivo para la constitución de los grupos consiste en pasar un cuestionario que permitirá evaluar los conocimientos, las habilidades y los intereses en materia afectivo-sexual: siempre que sea posible, la persona con discapacidad cumplimentará el cuestionario por sí misma, recurriendo en su caso a los productos de apoyo que resulten necesarios; si no puede hacerlo sola, lo hará con la ayuda de un miembro del personal. También se recurrirá a los registros de los que disponen los servicios sobre las conductas y el desarrollo de las necesidades afectivas y emocionales de cada persona, como fuente adicional de información.
     
  • Contenidos. El trabajo se estructurará en seis bloques de contenidos:

                             
     

Evaluación del programa

La evaluación es un aspecto fundamental para garantizar la eficacia de los programas, es decir, su ajuste permanente a las necesidades de la persona usuaria, ya que permite valorar el mayor o menor cumplimiento de los objetivos establecidos y los problemas que han surgido en su aplicación y, en respuesta a los mismos, adoptar nuevas medidas orientadas a mejorar los procesos de trabajo.Como el propio programa, su evaluación implica tanto a las personas con discapacidad como al personal y las familias:

  • Las y los profesionales cumplimentarán un cuestionario inicial sobre, entre otras, las siguientes cuestiones: la importancia de trabajar la afectividad y la sexualidad en el servicio, la forma de hacerlo y su propio papel en el proceso. Al terminar la formación, otro cuestionario evaluará su grado de satisfacción, el nivel de consenso, la satisfacción con respecto al programa y las dificultades que se han encontrado durante el mismo.
  • La evaluación con las familias se llevará a cabo de forma muy similar, aunque en este caso, se centrará en cuestiones como la eliminación de los miedos y las reticencias a la educación sexual y los cambios experimentados en su actitud y en su forma de actuar como resultado del proceso formativo
  • En cuanto a las personas con discapacidad, el proceso de evaluación del programa se divide en tres partes:
    • Como ya se ha comentado, antes de iniciar el trabajo con las personas con discapacidad se les pasa un cuestionario que sirve, además de para constituir grupos más o menos homogéneos, para hacer una evaluación inicial de sus conocimientos y definir las líneas de trabajo individuales y de grupo.
    • Hacia la mitad del proceso se procede a otra evaluación, mediante reuniones con las personas que imparten la formación, para verificar el grado de cumplimiento de los objetivos marcados y hacer los ajustes convenientes.
    • Por último, una vez finalizado el curso, se hace una evaluación final con un nuevo cuestionario y se definen prioridades para el curso siguiente.
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