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Respeto a la autonomía, la dignidad y la intimidad como claves de una atención personal de calidad

  • Necesitar la ayuda de otra persona para las actividades básicas de la vida diaria, es decir, para la realización de los gestos más esenciales, personales e íntimos, puede tener un fuerte impacto emocional y puede generar sentimientos de vulnerabilidad, indefensión, frustración, tristeza o también de rabia y enfado en la persona atendida. La única manera de reconfortarle, de transmitirle seguridad y de no mermar su autoestima es prestarle los apoyos que requiera con absoluto respeto de su autonomía, su dignidad y su intimidad. Estos derechos se sitúan así en el núcleo de la atención personal. Ello exige aceptar y asumir, en la práctica cotidiana, que respetarlos debe ser la regla y que cualquier limitación a su ejercicio efectivo sólo puede ser una excepción a esa regla. Esto es algo que no sólo incumbe al personal de atención directa, sino que también debe asumirse desde la institución de la que depende el servicio y desde la dirección del propio servicio: sólo así podrá integrarse en la cultura institucional y sólo si se integra realmente en la cultura institucional -que es la que rige e impregna la vida y el funcionamiento de los servicios- tendrá posibilidades reales de constituirse en la clave de la atención.
  • Sin duda, el apoyo en estas actividades constituye un elemento referencial en los servicios:
    • estructuran uno de los ejes básicos de su organización y funcionamiento;
    • constituyen un área de aprendizaje y mantenimiento de habilidades anclada en la vida real;
    • se sitúan, por cuanto tienen de personal e íntimo, en el núcleo de la relación de apoyo y contribuyen muy esencialmente a la especial naturaleza de esa relación.
       
  • No obstante, y a pesar de su importancia evidente en la vida del servicio y en la vida de las personas -tanto de las personas usuarias que, sin esos apoyos no podrían desenvolverse en su vida cotidiana, como de las y los profesionales de apoyo-, los imperativos organizativos no siempre dejan espacio para una prestación adecuada de los apoyos básicos, más allá de asumir su protagonismo como marcadores de la planificación de los ritmos y de las actividades. Y así es cómo, con más frecuencia de la deseada, esos cuidados íntimos y personales pueden no llegar a alcanzar el nivel de privacidad y personalización que debieran ser inherentes a su naturaleza, víctimas de las prisas, de los automatismos, de la resistencia al cambio y la desmotivación. Efectivamente, la vida en un servicio de carácter colectivo queda sometida a una serie de condicionantes que vienen dados por las necesidades de convivencia y de organización. En entramados tan complejos como lo son muchos servicios de atención, no es fácil evitar la tentación, guiados, sin duda, por la buena voluntad o por un deseo de eficacia, eficiencia y orden, de organizar una estructura disciplinada en exceso, basada en la generalizada realización de tareas idénticas en horarios marcados e inflexibles, que lleva tanto a personas usuarias como a profesionales a una vida pautada por las rutinas.
     
  • Es fácil deslizarse por esa pendiente y llegar a situaciones extremas que conducen a las primeras a un proceso gradual de despersonalización, y a las segundas -en particular al personal de atención directa- a una creciente falta de interés por su trabajo, a una profunda insatisfacción y a un sentimiento de infravaloración difícilmente superable. Este riesgo, que existe en cualquier servicio, aumenta con el tamaño de la estructura y con el nivel de apoyos requerido por las personas usuarias. Esto no significa que un servicio pequeño sea, sólo por su tamaño, una garantía absoluta exenta de cualquier riesgo de rutinización y automatismo; tampoco significa que no sea posible prestar una buena atención en un servicio de gran capacidad destinado a personas con necesidades de apoyo generalizado, pero significa, sin duda, que estas características constituyen unos factores de riesgo que añaden dificultad. En efecto, en servicios de gran capacidad, son muchas las personas que, al rotar los turnos de atención, acaban prestando los apoyos de cuidados íntimos y personales, y esa práctica no resulta fácilmente compaginable con el respeto a la intimidad: presenta el riesgo de generar rutinas poco personalizadas, aplicables al conjunto de las personas atendidas, y poco ajustadas a las necesidades de privacidad. En tales circunstancias, las personas con discapacidad pueden no tener más remedio que adaptarse, de manera forzada, a esas pautas de atención, lo cual, en el extremo, en particular en personas con discapacidad intelectual o con deterioro cognitivo, puede determinar que no adquieran o que pierdan la noción de intimidad, lo que, a su vez, puede conducirles a no distinguir entre los actos que, por su naturaleza, corresponden a la esfera íntima y a los espacios íntimos, y los actos que corresponden a la esfera pública y a los espacios públicos.
     
  • La única manera de evitar la deriva es articular los apoyos de atención personal en el marco de la planificación centrada en la persona (véase el tema de este Banco de Buenas Prácticas de esta misma serie sobre "Planificación Esencial del Estilo de Vida"). En ese contexto, la personalización deberá tomar como puntos básicos de referencia el respeto a la dignidad, el respeto a la intimidad y la privacidad y, por supuesto, el respeto a la autonomía de la persona, favoreciendo su mantenimiento o promoviendo su mejora, lo cual debe concretarse en ofrecer el apoyo idóneo con la intensidad idónea -ni más ni menos apoyo del que realmente necesita-, dejando siempre que tenga la posibilidad de realizar, a su propio ritmo, las actividades o los gestos que sí es capaz de hacer.
     
  • La finalidad de las recomendaciones que se incluyen en este tema sobre Atención Personal es contribuir a avanzar hacia ese objetivo. En ella, se ofrecen pautas para las y los profesionales que intervienen en la atención personal a las personas con discapacidad en el marco de los servicios de apoyo -en particular, al personal de atención directa en quien recae la prestación de los cuidados básicos-, con el fin de facilitar que el ejercicio de estas funciones se lleve a cabo con pleno respeto de los derechos básicos y ello en las principales áreas de atención que se tratan en los sucesivos apartados:
    • Apoyos para alimentarse.
    • Apoyos para asearse.
    • Apoyos para vestirse y desvestirse.
    • Apoyos para ir al WC.
    • Apoyos para moverse y desplazarse.
       
  • Las pautas que se recogen, muy detalladas, desarrollan muchas de las recomendaciones que, en relación con la atención personal, se incluyen en el tema de este Banco de Buenas Prácticas sobre "Compaginar derechos individuales y condicionantes organizativos", que conviene tener presente como marco general y como referencia básica para la verificación periódica en los servicios del cumplimiento de las recomendaciones contenidas en ella.
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