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Recomendaciones prácticas para alcanzar el equilibrio entre derechos individuales y condicionantes organizativos

Aspectos generales de la atención personal

  • 48. Tratar de adaptar la práctica asistencial a los diversos modos de vida de las personas usuarias, en lugar de condicionar sistemáticamente estos últimos a la conveniencia de la organización. (Derechos en los que impacta esta recomendación: Dignidad, Satisfacción, Elección, Autodeterminación).
    • No se trata de respetar todos y cada uno de los deseos o preferencias de las personas usuarias, porque es cierto que una organización o una estructura en la que confluyen muchas personas requiere cierto orden y cierta sistematización de las tareas, pero sí resulta esencial invertir la tendencia habitual en la que todo se estructura atendiendo fundamentalmente a las necesidades organizativas.
       
  • 49. Atender a las personas usuarias de forma individualizada. (Derechos en los que impacta esta recomendación: Dignidad, Privacidad, Satisfacción, Elección). A tales efectos conviene:
    • Elaborar para cada persona usuaria un plan de atención personalizada, elaborado desde el enfoque de la planificación centrada en la persona, que recoja una valoración completa de:
      • sus capacidades (experiencias, conocimientos, habilidades, aficiones) y sus hábitos;
      • sus preferencias y sus deseos;
      • sus limitaciones y sus necesidades de apoyo;
      • las pautas de atención que conviene aplicar para prestar los apoyos requeridos y, en su caso, aquellas otras que no conviene adoptar.
    • Revisar periódicamente las pautas de atención establecidas para verificar si siguen ajustándose bien a las necesidades y preferencias de la persona o si es necesario modificarlas y adaptarlas a una nueva situación.
    • Designar para cada persona usuaria a una o un profesional que actúe como referente, tratando, en lo posible, que su designación venga determinada por el grado de empatía existente entre ellas.
    • Garantizar cierta continuidad en las relaciones entre las personas usuarias y el personal asignado a su atención personal.
      • Esta pauta es particularmente compleja en los servicios residenciales de gran tamaño. De por sí, el inevitable sistema de turnos necesario para garantizar una atención continuada (de mañana, de tarde, de noche; de semana y de fin de semana), unido al gran número de profesionales, dificulta considerablemente la buena transmisión de la información referida a cada una de las personas usuarias y, en consecuencia, la personalización de la atención.
      • Esta dificultad se puede ver agravada cuando se establece, además, un sistema de rotación continuada –ya sea semanal, mensual, bimestral,…– entre las distintas plantas, unidades o módulos de un mismo servicio, en lugar de optar por un sistema de rotaciones a más largo plazo (de periodicidad anual, por ejemplo).
      • Es cierto que el sistema de rotación continuada presenta varias ventajas:
        • Por un lado, los cambios periódicos pueden resultar estimulantes para las y los profesionales y redundar, a la postre, en beneficio de las personas usuarias.
        • Por otro, permite, entre profesionales de atención directa, un reparto más frecuente de la carga de trabajo y del impacto psicológico que puede ir asociado al cuidado de personas usuarias con un importante grado de deterioro.
      • Sin embargo, la excesiva rotación de las y los profesionales por todas las plantas o unidades presenta un inconveniente que no cabe desconsiderar: el hecho de que las personas acaban siendo atendidas, a lo largo del año, por toda la plantilla de atención directa, lo que, sin duda, dificulta el establecimiento y el afianzamiento de relaciones de confianza que, en situaciones delicadas, directamente asociadas a la intimidad de las personas usuarias, resultan esenciales.
      • Es importante, por lo tanto, sopesar muy cuidadosamente, en cada servicio, la mayor o menor conveniencia de una u otra fórmula de organización.
         
  • 50. Crear un estilo de atención flexible, que se adapte y evolucione de acuerdo con los cambios observados en la situación y en las necesidades de las personas atendidas. (Derechos en los que impacta esta recomendación: Dignidad, Satisfacción, Elección).
    • En algunos casos, se observan claras dificultades de adaptación de las y los profesionales a los cambios que deben introducirse en la atención para adecuarla a la evolución de las necesidades y preferencias de las personas usuarias, ya se deriven de su deseo de mayor independencia, ya de su mayor deterioro físico o psíquico. Es importante, desde este punto de vista, fomentar en los servicios la cultura de la mejora continua de la calidad, que implica a las y los profesionales en una dinámica de cuestionamiento de las rutinas, ayudándoles a experimentar los cambios en la organización y el funcionamiento del servicio como algo positivo, en lugar de afrontarlos con reticencia y, a veces, con miedo, por considerarlos una crítica velada a su forma de trabajar.
       
  • 51. Procurar que, en lo posible, la organización de los grupos de trabajo permita respetar el deseo de las personas que muestren especiales reticencias a ser atendidas, en su aseo íntimo, por profesionales del sexo opuesto. (Derecho en el que impacta esta recomendación: Dignidad).
    • En general, se observan, entre los y las profesionales, considerables resistencias a ajustarse a esta pauta.
    • Son varias las razones que se aducen para explicar esta actitud:
      • Por un lado, se invoca el principio de igualdad de oportunidades y de no discriminación por razón de sexo en el medio laboral. Resulta imprescindible reconsiderar esta cuestión, pues no parece sensato considerar que el hecho de que una persona con discapacidad se resista a ser aseada por un profesional cuidador de sexo opuesto pueda ser percibido por ningún profesional como una actitud que vulnere su derecho a la igualdad de oportunidades.
      • Por otro lado, se invoca también el principio de profesionalidad, aduciendo que las y los profesionales de apoyo son, ante todo, profesionales y que así es como deben ser percibidos. Sin duda, esa es su propia actitud cuando desempeñan sus tareas, principalmente las de atención personal, y es lógico que así sea, pero difícilmente puede pretenderse que las personas usuarias, la asuman siempre con naturalidad. Precisamente la profesionalidad es la que debe llevarnos a mostrar especial sensibilidad hacia los temores y reticencias de las personas usuarias.
    • Sería deseable, por lo tanto, realizar un esfuerzo añadido de comprensión, hacerse cargo de lo sumamente difícil que debe de ser necesitar que otra persona nos atienda en nuestras necesidades más íntimas, y poner los medios para evitar que esta situación resulte todavía más dura de lo indispensable.
       
  • 52. Tratar a las personas usuarias con respeto y tolerancia, independientemente de cuál sea su tipo y grado de discapacidad. (Derecho en el que impacta esta recomendación: Dignidad).
     
  • 53. La dependencia para los cuidados personales puede tener un fuerte impacto emocional y puede generar sentimientos de indefensión, de frustración o también de rabia y enfado, que es necesario considerar a la hora de articular los apoyos individuales. (Derecho en el que impacta esta recomendación: Dignidad).
     
  • 54. Con el fin de favorecer el mantenimiento de la autonomía, no debe ofrecerse nunca más del apoyo que realmente necesita la persona, dejando que ella realice, a su propio ritmo, las actividades o los gestos que sí puede hacer. (Derechos en los que impacta esta recomendación: Dignidad, Autonomía).
     
  • 55. En los servicios residenciales, ofrecer a las personas usuarias y a sus familiares la posibilidad de que estos últimos participen en la realización de determinadas tareas de atención personal; por ejemplo, dar de comer o asear a la persona usuaria, si ambas partes así lo prefieren, si se encuentran en condiciones de hacerlo sin riesgo y si, de ese modo, no se vulnera el derecho a la privacidad de quien comparta la misma habitación. (Derechos en los que impacta esta recomendación: Privacidad, Elección).
     
  • 56. Evitar hacer comentarios, delante de otras personas, sobre cuestiones personales e íntimas que afectan a una persona usuaria y, como regla general, evitar, entre profesionales, comentarios innecesarios sobre cuestiones de esa índole. (Derechos en los que impacta esta recomendación: Privacidad, Dignidad).
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