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Factores que inciden en el bienestar emocional

Muy numerosos factores inciden en el bienestar emocional de las personas: en unos caso, inciden de forma positiva,promoviendo o incluso mejorando el bienestar de la persona; en otros, inciden de forma negativa, disminuyedo el nivel de bienestar emocional oincluso generando situaciones de estrés emocional. Tanto en un caso como en otro esos factorespueden ser de carácter externo o de carácter interno.

En esta fichas se explican los externos y en la ficha siguiente los internos. 
 

  • Duelo por la pérdida de seres queridos
    • El duelo por la pérdida de seres queridos es siempre un proceso complejo.
                  
    • Las personas con discapacidad no siempre reciben el apoyo necesario para superar estas situaciones y ello a pesar de que sufren numerosos procesos de pérdida a lo largo de su vida (en efecto, experimentan la pérdida de familiares y de amigos, pero también, y con mayor frecuencia, la pérdida de profesionales de referencia y de compañeros o compañeras que han compartido su vida en un servicio de apoyo).
    • Las personas con discapacidad intelectual o con deterioro cognitivo pueden tener grandes dificultades para comprender y asimilar el concepto de muerte, y también el de duelo, y eso puede llevarles a presentar conductas inhabituales, a veces problemáticas, o a sufrir crisis de agresividad o crisis emocionales repentinas, ante las que es necesario saber reaccionar entendiendo la causa que las provoca, para adoptar las medidas de apoyo que resulten más idóneas.
    • Es fundamental trabajar el duelo personal anticipatorio y ayudar a las personas a desarrollar habilidades para el afrontamiento del duelo.
    • Aunque, por lo general, un proceso de duelo presenta tres fases emocionales -fase de tristeza, fase de rabia y frustración, fase de ajuste y reajuste- no debemos olvidar que es un proceso natural que cada uno de nosotros vive de manera diferente y a su propio ritmo. En algunos casos, las emociones asociadas al duelo no se expresan de forma inmediata; en esas situaciones puede parecer que la persona es indiferente al suceso o no es plenamente consciente de su significado y consecuencias, pero lo cierto es que el impacto se manifestará tarde o temprano y es imprescindible prestar atención a esas manifestaciones, porque, posiblemente, no adopten la forma esperada.
    • Estas especificidades individuales determinan que, en tales momentos, sea necesario valorar, en función de las circunstancias, la mayor o menor conveniencia de algunas pautas, sobre todo cuando la persona tiene discapacidad intelectual o algún deterioro cognitivo:
      • cuándo y quién debe dar la noticia del fallecimiento;
      • si ofrecerle la oportunidad de asistir al funeral y a los demás ritos con el resto de familiares puede ayudarle a entender y superar mejor lo que ha ocurrido;
      • si conviene animarle a guardar fotografías y recuerdos de los seres que ha perdido;
      • si, con el tiempo, conviene que vuelva a visitar lugares y a realizar algunas actividades que, en el pasado, compartía con la persona que ha fallecido.
    • No existe un tiempo determinado para el duelo, pero está claro que si no se ofrece a las personas el apoyo que requieren durante el mismo, el proceso puede alargarse más de lo deseable.
       
  • Cambios en los roles familiares y sociales
    • Es frecuente que, en particular en el caso de las discapacidades sobrevenidas, se produzca un cambio en los roles familiares y sociales que había desarrollado e interiorizado la persona: su papel como padre o madre, como pareja o como hijo o hija se ve fuertemente modificado y también se altera su rol en su grupo social de referencia. En ese nuevo contexto, sus necesidades de apoyo, atención y cuidados adquieren un protagonismo tal que les atribuye roles nuevos, de carácter más pasivo.
    • Esto determina que la mayoría de las personas con discapacidad adquirida sufran un sentimiento de pérdida respecto al desempeño de roles anteriormente significativos y valorados (trabajador/a, padre/madre, pareja, etc.) que, sin duda, repercuten en su bienestar emocional.
    • Estos cambios pueden incluso determinar una ruptura con las relaciones sociales anteriores o la pérdida progresiva de vínculos con personas que han sido importantes en una etapa anterior.
       
  • Traslados. Los traslados, sea cual sea el ámbito en el que se dan, son momentos que, sin duda, pueden generar ansiedad y estrés emocional:
    • Los traslados antes mencionados pueden, además, conllevar no únicamente un cambio de domicilio o de trabajo o actividades de día, sino también un cambio de barrio, lo cual también refuerza la ruptura del vínculo con la vida que se ha llevado con anterioridad.
    • Los traslados entre servicios que han aportado una serie de actividades y rutinas significativas, en particular cuando se asocian, como puede ocurrir, a traslados de carácter residencial.
    • El ingreso en un centro hospitalario es motivo habitual de estrés y ansiedad emocional en personas con discapacidad, más acuciante en personas que carecen de lenguaje oral, generando fuertes sentimientos de miedo e indefensión.
    • También las cortas estancias no programadas en servicios residenciales pueden tener un fuerte impacto en el bienestar emocional de la persona, de modo que es fundamental reforzar especialmente los apoyos para amortiguar los efectos de la estancia en el servicio.
    • Sin duda, la salida del domicilio familiar para ingresar en un servicio residencial o para acceder a una fórmula de vida independiente es un momento que, incluso cuando obedece a una decisión voluntaria, puede generar mucho estrés emocional. Este impacto puede mitigarse preparando y planificando bien el ingreso en un servicio residencial. Son decisiones de la máxima importancia en la vida de una persona y tiene un fuerte impacto en su estilo de vida. De ahí que resulte indispensable prestar a la persona y a quienes conforman su entorno inmediato, los apoyos que puedan resultar más idóneos para facilitar esa transición.
       
  • Toma de decisiones
    • Con frecuencia, las personas con discapacidad ven fuertemente mermada su capacidad para tomar decisiones de forma autónoma y son sus familiares, sus tutores o incluso los miembros del personal de los servicios quienes, de hecho o de derecho, asumen tales decisiones.
    • Las personas con discapacidad se ven muy afectadas por la proyección de las inseguridades propias del cuidador:
      • Es frecuente que no se atrevan a asumir un nivel razonable de riesgos, y eso repercute sobremanera en el grado efectivo de autonomía de la persona a la que apoyan y en la gama de oportunidades a las que puede acceder.
      • También es frecuente que la persona que presta apoyos actúe, en cierto modo, en reacción a un sentimiento no aceptado -ya sea de culpa, de miedo- que le conduce a actitudes sobreprotectoras, muy ajustadas también a las expectativas de su entorno.
    • Esta falta de autonomía puede resultar penosa y dura para la persona con discapacidad, porque, en la práctica, supone una merma en su libertad.
    • Es fundamental, por lo tanto, que se adopten medidas relacionadas con los procesos de toma de decisiones, en particular, con la toma de decisiones asistida y con el consentimiento informado, que contribuyan a garantizar en todo lo posible la autonomía de la persona.
       
  • Actitudes sociales
    • El entorno social, en ocasiones, expresa consciente o inconscientemente cierto reparo o cautela a la hora de relacionarse con las personas con discapacidad, por pudor o por falta de seguridad ante situaciones desconocidas.
    • Esta actitud, sin duda, se trasluce en la pauta relacional e incide de forma clara en el bienestar emocional de las personas con discapacidad.
       
  • Barreras
    • Las personas con movilidad reducida se enfrentan diariamente a innumerables barreras, tanto dentro como fuera de sus hogares, que dificultan y limitan su acceso efectivo al ámbito comunitario y la realización de las actividades de la vida diaria.
    • Esta permanente dificultad, de la que quienes no sufren estas limitaciones no son siempre conscientes, supone un reto cotidiano que, sin duda, impacta en la calidad de vida y en el bienestar emocional de la persona.
       
  • Cambios en el personal de apoyo
    • Los cambios en el personal de apoyo pueden tener un fuerte impacto en la vida emocional de las personas con discapacidad debido, en buena parte, al hecho de que para muchas de ellas los miembros del personal de apoyo constituyen una parte esencial de su red relacional.
    • Este impacto se produce, sin duda, cuando una o un profesional con quien la persona ha mantenido una estrecha relación deja de trabajar en el servicio, pero también puede apreciarse cuando la organización de los servicios conlleva una excesiva rotación en el personal de apoyo o cuando no se cuenta con la figura de la persona profesional de referencia.
       
  • Ambiente no predecible y cambios en las rutinas
    • Los cambios en las rutinas pueden generar mucha ansiedad, a pesar de que se subestime con frecuencia su impacto.
    • Otro tanto puede ocurrir cuando no se cumplen las expectativas que se han creado en las personas, de ahí que resulte fundamental cumplir las promesas y los acuerdos alcanzados, por pequeños que parezcan: llamadas telefónicas a un familiar, calendario de salidas a domicilio, etc.
       
  • Convivencia
    • Los servicios de apoyo, ya sean residenciales o de actividad diurna (en sus diferentes variantes) constituyen contextos de convivencia que pueden verse notablemente alterados cuando alguna o algunas de las personas que los comparten presentan conductas problemáticas que pueden generar en los demás inseguridad o incluso miedo. Estas situaciones pueden resultar particularmente dificultosas cuando se comparten tanto el servicio residencial como el servicio de atención diurna, lo cual puede ocurrir con cierta frecuencia cuando la organización de los servicios y el acceso a los mismos se basa en la zonificación.
    • Las personas con discapacidad que comparten un servicio, en particular un servicio residencial, pueden verse muy afectadas por situaciones en las que un compañero o compañera se enfrenta a una enfermedad terminal o cuando se produce su fallecimiento. Sin duda, producen un fuerte impacto en su bienestar emocional, de modo que es fundamental articular apoyos que les ayuden a afrontar estas situaciones.
    • La convivencia también puede verse alterada, lógicamente, por las distintas costumbres de las personas y por la dificultad para establecer pautas o normas convivenciales, por ejemplo relacionadas con el consumo de tabaco en el servicio o con la higiene personal.
       
  • Situación de la persona cuidadora principal
    • El estrés, la depresión, la enfermedad o el envejecimiento de la persona que ejerce funciones de cuidador familiar o de las personas que actúan como cuidadoras y cuidadores profesionales pueden tener un fuerte impacto en la estabilidad emocional de la personas con discapacidad a la que atienden.
       
  • Falta de estimulación
    • La insuficiente estimulación puede, sin duda, generar problemas emocionales: baja autoestima, bajo nivel de autoconfianza y falta de realización personal. Por ello, es imprescindible evitar la realización de tareas no estimulantes ni motivantes, en particular en los centros de día, así como promover y fomentar el mantenimiento del vínculo familiar.
    • El factor económico también puede tener un fuerte impacto en relación con lo anterior, en la medida en que la falta o la escasez de medios puede ser un obstáculo insalvable para que la persona pueda acceder a las aficiones y actividades que más le gustan y, por lo tanto, a las más susceptibles de estimularle. Aquí también el respeto a la autonomía de la persona debe primar y, en los casos en los que es otra persona quien se encarga de la administración de los ingresos de la persona con discapacidad es esencial que, al hacerlo, tenga presente el destino de esos ingresos y la necesidad de respetar, en todo lo posible, las preferencias de la persona.
       
  • Falta de apoyo a la comunicación
    • La carencia de apoyos para la comunicación cuando estos son necesarios constituye, sin ninguna duda, un factor de estrés emocional para la persona con discapacidad. Es fundamental respetar su ritmo de comunicación -es frecuente que requiera más tiempo para hacerse entender y para entender lo que comunican otras personas- y su forma de comunicación, articulando los medios necesarios y promoviendo oportunidades efectivas para comunicar. Véase la Guía de Buenas Prácticas de esta misma serie sobre Comunicación.
       
  • Abusos
    • Cualquier situación de abuso, ya sea físico, sexual o psicológico, puede generar una situación de estrés emocional y puede llegar a causar un problema de salud mental (conviene tener presente que cualquier situación de abuso constituye un abuso de poder, sin que necesariamente tenga que darse en el marco de una relación jerárquica).
    • Las personas con discapacidad y, en particular las personas con discapacidad intelectual o con grave deterioro cognitivo son más vulnerables a estas situaciones porque tienen mayores dificultades para reconocer la situación de abuso, para protegerse de tales situaciones si logran reconocerlas y, sin duda, para explicar su situación a personas que podrían prestarles apoyo para poner fin al abuso y articular los apoyos necesarios para ayudarles a recuperar su bienestar emocional.
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