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Dificultades para la percepción, el reconocimiento y la expresión de las emociones

El caso específico de las personas con daño cerebral adquirido

El daño cerebral adquirido puede modificar la forma en que las personas sienten o expresan las emociones y su capacidad para reconocer e interpretar las emociones de los demás, y puede determinar que la persona no tenga capacidad para controlar sus manifestaciones emocionales (véase también el tema de este Banco de Buenas Prácticas sobre Daño Cerebral Adquirido).

Es importante señalar que las alteraciones del estado de ánimo son uno de los déficit más comunes tras el daño cerebral adquirido y uno de los que generan más estrés en las y los cuidadores principales por las dificultades que entraña llegar a asimilar y aceptar que dichas alteraciones, al igual que el deterioro cognitivo, también son consecuencia del daño cerebral y que la persona afectada no puede controlarlas.

A continuación se explican algunas situaciones que pueden darse con cierta frecuencia en personas con daño cerebral adquirido, sin perder de vista que, como se ha indicado antes, los efectos que aquí se describen no tienen por qué aparecer en todos los casos y cuando aparecen no tienen por qué hacerlo todos ellos, ni simultánea ni sucesivamente.


1. Dificultades para la expresión de las emociones
 

  • Dificultad para el control de las emociones o "cambios de humor".
     
    • En algunos casos, el daño cerebral adquirido puede provocar que quien lo padece experimente una emoción muy intensa, de forma muy rápida: por ejemplo, puede enfadarse o enfurecerse con mucha facilidad, pero superar esa sensación muy rápidamente. De algún modo está en una especie de montaña rusa emocional: a esta variabilidad se alude con el término "labilidad emocional".
       
    • ¿Cuáles son sus causas?
      • Con frecuencia, la causa de la labilidad emocional es el daño sufrido en la parte del cerebro que controla las emociones y la conducta.
      • Una repentina reacción o respuesta emocional no siempre viene desencadenada por un hecho específico que es posible detectar o aislar. Es decir, con frecuencia, la reacción emocional no puede predecirse, lo que puede generar cierta confusión en quienes se encuentran en su entorno inmediato, porque, por lo menos en la fase inicial, tienden a pensar que han hecho o dicho algo que ha molestado a la persona afectada.
      • En algunos casos, el daño cerebral puede causar episodios súbitos de llanto o de risa. Estos arrebatos emocionales pueden no guardar ninguna relación con lo que realmente siente la persona: es decir, pueden llorar sin sentirse tristes, o reír sin estar contentas. También puede ocurrir, que su expresión emocional no se ajuste a la situación: por ejemplo, echarse a reír al oír una historia triste.
         
  • Ansiedad.
     
    • La ansiedad es un sentimiento de temor y nerviosismo desproporcionado con respecto a la situación que lo genera.
       
    • En algunos casos, las personas que padecen daño cerebral adquirido pueden sentir ansiedad sin saber por qué razón se sienten así; también pueden sentir ansiedad atribuible a causas específicas: por ejemplo, la preocupación que sienten cuando cometen muchos errores o fallos en la realización de determinadas actividades o tareas o cuando se sienten criticadas. Por otra parte, muchas situaciones que, con anterioridad a la lesión, no suponían ningún problema, pueden resultar mucho más difíciles de sobrellevar o de soportar después: por ejemplo, encontrarse en medio de una muchedumbre o tener que adaptarse a un cambio imprevisto en el plan del día.
       
    • Algunas personas pueden sufrir súbitas crisis de ansiedad muy difíciles de controlar (ataques de pánico). En estos casos, la ansiedad puede relacionarse con una situación muy estresante -por ejemplo, una situación similar a la que originó el daño cerebral- que la persona revive mentalmente de forma continuada e interfiere en su sueño (trastorno de estrés postraumático). Dado que cada tipo de ansiedad requiere un tratamiento específico, es esencial que la ansiedad sea siempre diagnosticada por un especialista en salud mental.
    • ¿Cuáles son sus causas?
      • Indudablemente, la dificultad inherente al propio proceso de adaptación a la nueva situación de discapacidad y a la sensación de pérdida de control sobre su futuro puede generar ansiedad.
      • La dificultad para razonar y para concentrarse pueden originar importantes dificultades para resolver problemas y esto puede hacer que la persona se sienta superada, especialmente cuando tiene que tomar una decisión.
      • La ansiedad suele presentarse cuando la persona se siente presionada con demasiadas demandas o con demandas a las que todavía no es capaz de enfrentarse: por ejemplo, sentir la presión de volver al trabajo en un plazo demasiado breve. Las prisas actúan muy claramente sobre la ansiedad, lo cual debe tenerse muy presente a la hora de respetar su ritmo en las actividades de la vida diaria, en su alimentación, en sus movimientos, en su comunicación.
      • Las situaciones que requieren mucha atención y que exigen procesar la información también son una fuente habitual de ansiedad: por ejemplo, estar en un entorno muy concurrido, en medio de un tráfico muy denso o en un sitio muy ruidoso.
         
    • ¿Qué síntomas puede tener?
      • Mostrarse físicamente tensa, de forma constante.
      • Mostrarse excesivamente preocupada, acelerada.
      • Mostrar inquietud e irritabilidad.
      • Presentar trastornos del sueño.
      • Tener el ritmo cardiaco acelerado, la boca seca, exceso de sudoración, inestabilidad, fatiga respiratoria, temblor, náuseas.
      • Sentir pánico o tener la sensación de que va a ocurrir algo malo.
         
  • Depresión.
     
    • Los sentimientos de tristeza, frustración y pérdida son una reacción normal a los cambios provocados por una discapacidad sobrevenida y, sin duda, por el daño cerebral. Si estos sentimientos se hacen insuperables, persisten a lo largo del tiempo o interfieren con el proceso de rehabilitación, la persona puede caer en una depresión.
       
    • Los síntomas de la depresión tienen una prevalencia alta entre las personas que tienen una discapacidad sobrevenida dada la sucesión de pérdidas a las que deben hacer frente y a las dificultades para recuperar el control sobre su vida tras sufrir la lesión. Dado que muchos de estos síntomas también pueden formar parte de la sintomatología propia del daño cerebral adquirido, su aparición no debe llevar necesariamente a concluir que la persona sufre una depresión; es fundamental destacarlo porque síntomas como la apatía o la anhedonia son frecuentes y, aunque no son síntomas de depresión, las personas del entorno tienden a atribuirlos fácilmente a un estado depresivo. Estos síntomas son más susceptibles de indicar una depresión cuando aparecen meses después del accidente -en las últimas fases del proceso de recuperación- que cuando son muy inmediatos, porque es la etapa en la que la persona adquiere conciencia de que su situación tiene implicaciones a muy largo plazo o, incluso, de carácter permanente.
       
    • Así, síntomas comunes a la depresión y al daño cerebral adquirido serían:
      • Bajo nivel de actividad, apatía, enlentecimiento.
      • Fatigabilidad.
      • Cambios en los patrones de sueño.
      • Cambios en el apetito.
      • Dificultad para controlar las emociones.
      • Falta de iniciativa y de interés por las cosas.
         
    • Los hombres y las mujeres tienden a presentar síntomas diferentes cuando padecen una depresión y también tienen formas muy distintas de reaccionar en estas situaciones.
      • Así, los hombres suelen mostrar: aansancio, irritabilidad y cólera, pérdida de interés en actividades que antes les resultaban atractivas, trastornos del sueño. En esa situación, con mayor frecuencia que las mujeres, los hombres tienden a evitar hablar de sus sentimientos depresivos con sus familiares o amigos.
      • Las mujeres muestran una tendencia más marcada a compartir sus síntomas depresivos. Con frecuencia refieren sentimientos de: tristeza permanente y persistente, ansiedad, llanto, sentimiento de culpa y de inutilidad, pérdida de energía, aumento del apetito, trastornos del sueño, aumento de peso.
      • En casos severos, tanto los hombres como las mujeres pueden experimentar pensamientos de suicidio.
    • ¿Cuáles son las causas de una depresión?
      • La depresión puede aparecer asociada al esfuerzo por adaptarse a la discapacidad temporal o permanente derivada del daño cerebral, a la pérdida o a la modificación del papel que uno tenía en el contexto familiar o social.
      • La depresión también puede aparecer si el daño ha afectado a áreas del cerebro que controlan las emociones; en efecto, la depresión puede venir causada tanto por cambios físicos como bioquímicos en el cerebro.
         
  • Arrebatos de cólera e irritabilidad
     
    • Es muy habitual que los familiares de personas con daño cerebral adquirido observen en alguna ocasión que la persona se muestra extremadamente irritable y colérica y, efectivamente, los estudios indican que hasta un 71% de las personas que sufren daño cerebral adquirido muestran esa tendencia en algún momento. Es frecuente que, en esas ocasiones, grite, utilice palabrotas, insulte, lance objetos, dé puñetazos a las cosas, dé portazos, o incluso amenace o agreda a personas cercanas.
       
    • ¿Cuáles son las causas? La irritabilidad y la cólera asociadas al daño cerebral adquirido pueden estar causadas por diversos factores:
      • Daños en las áreas del cerebro que controlan las emociones.
      • Frustración o insatisfacción con los cambios que el daño cerebral adquirido ha impuesto en su vida.
      • Sentimiento de aislamiento, de soledad y de incomprensión.
      • Dificultades para concentrarse, para recordar, para expresarse, para seguir una conversación que, necesariamente, conducen hacia un sentimiento de frustración.
      • Propensión al cansancio.
      • Dolor.
      • Baja tolerancia a la frustración.


2. Dificultades para la percepción y el reconocimiento de las emociones

En ocasiones, las personas con daño cerebral adquirido no sólo tienen dificultades a la hora de sentir y expresar emociones sino que también presentan problemas para percibir, reconocer y comprender las emociones de los demás.

En efecto, las lesiones en zonas determinadas del lóbulo frontal ocasionan déficits en la capacidad de empatía. Esto implica que pierden su capacidad para comprender y predecir la conducta de otras personas, así como sus intenciones, sus deseos y sus emociones, es decir, son incapaces de ponerse en el lugar del otro. Debido a estas alteraciones se pueden encontrar con grandes dificultades para establecer y mantener relaciones interpersonales.

Algunas dificultades a las que tienen que enfrentarse las personas que sufren este tipo de alteraciones son las siguientes:

  • Falta de sensibilidad hacia los sentimientos de los demás.
  • Dificultades para reconocer emociones básicas en la expresión facial.
  • Dificultades para comprender el uso social del lenguaje (ironía, metáforas, juegos de palabras, mentiras).
  • Incapacidad para valorar las reglas sociales y el contexto.
  • Presencia de un comportamiento social inadecuado.
  • Incapacidad para comprender las razones que subyacen a las acciones de los demás.


Hay que añadir que todas estas dificultades pueden y suelen ir acompañadas de una falta de conciencia de déficit por parte de la persona afectada así como de la incomprensión por parte de las personas que le rodean, lo cual le hace muy vulnerable al aislamiento social.

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