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El proceso de recuperación del Daño Cerebral Adquirido

Deben tenerse en cuenta diversos factores a la hora de realizar un pronóstico sobre las posibilidades de recuperación de una persona que ha sufrido un daño cerebral:

  • Entre ellos, los más importantes son la severidad del daño sufrido y el tiempo transcurrido entre la ocurrencia de la lesión y la intervención médica.
  • Otro factor es la gravedad de las secuelas, ya que no todas son igual de limitantes. Un déficit motor se puede compensar con un producto de apoyo pero un déficit en la memoria inmediata va a tener como consecuencia que la persona sea mucho más dependiente.
  • Hay otros factores que también deben ser tenidos en cuenta como son la edad de la persona, el nivel de escolarización o la personalidad previa.


Las claves de una intervención eficaz con las personas que han sufrido un daño cerebral son las siguientes:

  • Actuación temprana.
  • Intervención personalizada mediante el diseño y aplicación de planes individualizados.
  • Intervención integral que tenga en cuenta la esfera biopsicosocial.
  • Intervención continua, encadenando las diferentes fases.
  • Intervención centrada en las actividades significativas para la persona en su propio entorno.

Estas intervenciones tienen que correr a cargo de un equipo interdisciplinar con conocimientos especializados sobre daño cerebral.
 

FASES DEL PROCESO DE REHABILITACIÓN

El proceso de rehabilitación de una persona que ha sufrido daño cerebral se puede dividir en varias fases, pero la duración de las mismas es variable, dependiendo principalmente del origen y de la gravedad de la lesión. Siguiendo el "Manual sobre Daño Cerebral Adquirido: Evaluación, diagnóstico y rehabilitación", coordinado por Begoña González (y publicado en la Serie Manuales Prácticos de Psicología, nº23. Ed. Síntesis. Madrid) , estas fases son las siguientes:


Fase 1. Fase aguda. ⇒ Ámbito de intervención: equipos de emergencia, UCI, servicio de alta especialización

  • Normalmente las personas entran en contacto con el hospital por la vía de urgencias siendo el objetivo principal la estabilización de su situación médica.
    El tiempo de ingreso varía de una persona a otra en función del origen de la lesión y de las complicaciones que se hayan dado de inicio:
    • En el caso de lesiones de origen vascular, el proceso es más corto ya que habitualmente las complicaciones son menores.
    • En cambio, cuando la lesión es traumática, la estancia suele ser aproximadamente de tres meses.
  • Durante este tiempo es importante no centrarse únicamente en la clínica sino intervenir a otros niveles como posicionamiento, movilizaciones pasivas, estimulación global... de tal manera que si la persona evoluciona positivamente no surja ningún impedimento (úlceras por presión, rigideces articulares, desorientación personal...) para continuar en las mejores condiciones con el proceso de rehabilitación.
  • Para medir la severidad de las consecuencias del daño en esta fase se tienen en cuenta fundamentalmente el nivel de consciencia de la persona que puede variar desde el coma hasta grados más leves de afectación y la duración de la amnesia post-traumática que se define como el tiempo durante el cual el paciente no es capaz de recordar información de manera consistente sobre las actividades cotidianas que ha realizado el día anterior.


Fase 2: Fase subaguda. ⇒ Ámbito de intervención: hospital general, régimen de ingreso en unidades de rehabilitación de daño cerebral especializadas.

  • Cuando la situación de la persona se ha estabilizado y se encuentra en condiciones idóneas de iniciar un tratamiento rehabilitador, lo más indicado es que acuda a un centro especializado en daño cerebral o que cuente con una unidad específica para este tipo de pacientes.
  • En esta fase se produce una recuperación espontánea que está muy relacionada con la plasticidad cerebral, por lo tanto, es muy importante estimular a la persona con el fin de potenciar al máximo dicha recuperación.
  • El equipo multidisciplinar del centro debe orientar a la familia sobre el régimen terapéutico más adecuado en función de su situación clínica y de la posible evolución.
  • El régimen hospitalario se recomienda cuando sólo han transcurrido tres o cuatro meses desde la lesión, cuando los cuidados de enfermería no pueden ser aportados en el domicilio, cuando todavía la persona no tolera un plan intensivo de trabajo siendo necesarios frecuentes descansos durante el periodo de trabajo, o cuando se espera una evolución positiva de su situación en un plazo inferior a cuatro meses.
  • En el momento del ingreso se realiza una evaluación por parte de todo el equipo rehabilitador: equipo médico, de enfermería, neuropsicólogo, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional y logopeda.
  • En función de los resultados obtenidos, se diseña un plan de tratamiento con objetivos específicos. Es indispensable implicar a la familia en la medida de lo posible. La comunicación entre los miembros del equipo y entre éste y la familia debe ser continua para ir adecuando la intervención a la evolución de la situación y para compartir las mismas pautas de actuación.
  • El planteamiento de traslado al domicilio se debe realizar de manera progresiva y contando en todo momento con la familia.


Fase 3: Fase postaguda. ⇒ Ámbito de intervención: régimen ambulatorio en unidades de rehabilitación especializadas.

  • A esta fase se llega después de la rehabilitación en régimen hospitalario o directamente después de la fase aguda. En cualquier caso, debe comenzar cuanto antes.
  • El médico rehabilitador y el equipo de terapeutas tienen un papel fundamental en esta fase. Cada profesional realiza su valoración y posteriormente se elabora un plan conjunto con objetivos compartidos. La evaluación debe ser continua y en equipo para ir adecuando los objetivos a las necesidades que se van presentando a lo largo del proceso.
  • El plan de intervención es siempre individualizado pero la modalidad de atención también puede ser grupal cuando se considere que es lo más apropiado para recuperar o trabajar ciertas funciones. Aspectos como la iniciativa, la apatía o la intención comunicativa se pueden trabajar mejor de forma grupal.
  • La duración media de esta fase es de aproximadamente seis meses, pero es muy variable: algunas personas pueden llegar a permanecer en esta fase durante uno o dos años y en cambio otras la concluyen en tres meses.
  • La evolución de la situación de la persona se va a ver muy condicionada por la afectación en las diferentes esferas: física, cognitiva, afectiva y social.
  • La intervención finaliza de forma progresiva, según estos criterios:
    • Cumplimiento de objetivos.
    • Tiempo de rehabilitación mayor de 18 meses dándose alguna de estas situaciones: ausencia de evolución favorable en los últimos meses, falta de generalización de aprendizajes adquiridos, mejoría suficiente para poder acudir a un centro de día, estabilización de secuelas o empeoramiento en la situación general de la persona.
  • En este momento es importante que se le dé información a la familia o a los cuidadores principales sobre los recursos existentes en su entorno más cercano para que la persona con daño cerebral pueda incorporarse a una dinámica de actividad adecuada a sus necesidades y características.


Fase 4: Fase crónica. ⇒ Ámbito de intervención: centros de día, centros de larga estancia, residencias.

  • Una vez que concluye la rehabilitación propiamente dicha, hay estudios que cifran en un 90% el número de personas que se beneficiarían de una intervención con el objetivo fundamental de mantener las capacidades adquiridas en las fases anteriores.
  • Esta fase se inicia cuando se ha alcanzado una estabilización de las lesiones y cuando los avances que se producen en el tratamiento no conllevan una mejora en la situación funcional de la persona, ni es previsible que así sea.
  • Las alternativas que se le presentan tanto a la persona afectada como a sus cuidadores pueden ser diversas y la toma de decisiones se realizará en función de las necesidades que presente la persona. En ocasiones, únicamente es necesario que realice un mantenimiento físico o que continúe con una intervención de logopedia o neuropsicológica. En otras, en cambio, se hacen necesarios recursos más intensivos como pueden ser los centros de día en los que se proporciona una atención multidisciplinar.
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