En los contextos de interacción cronificados o de dificultad alta es donde más se activa un enfoque del trabajo orientado precisamente a lo patológico, al análisis forense del daño, a los factores de riesgo, etcétera. Es en parte lógico que esto sea así.
Sin embargo, paradójicamente, la actitud más productiva consiste precisamente en ser capaces de encontrar y trabajar los aspectos más sanos y más fértiles de esa familia para provocar el cambio. La capacidad que tengamos de convertirnos en una pequeña excepción dentro del contexto de negatividad y pesimismo que sume a la familia en pautas disfuncionales, es la que nos permite convertirnos en un recurso eficaz. (…)
Una de las expresiones de este enfoque orientado radicalmente hacia los recursos es apoyar en todo lo posible a las personas que conforman la familia como un paso imprescindible para combatir las conductas, actitudes, patrones y estructuras disfuncionales que están generando daño a la propia familia. Esta distinción de apoyar a la persona como un mecanismo para combatir o para corregir cosas que ella hace (que la dañan a ella o a otros miembros de la familia) es complicada porque la persona al fin y al cabo, se define en lo que hace. (…)
No nos tenemos que extrañar que la primera resistencia para trabajar con un enfoque orientado a los recursos y basado en la búsqueda de la parte sana y capaz de la familia, provenga inicialmente de la propia familia. Hemos de tomarlo como una respuesta lógica de la inercia que provoca la dificultad, la impotencia y la cronificación. Por ello, es fundamental la actitud optimista de los profesionales y el trabajo positivo de los equipos y de toda la red profesional en torno a estas familias.