Esperar que tras la intervención los padres o responsables legales reconozcan al completo y de forma explícita sus dificultades personales y la inadecuación de los cuidados o trato que proporcionan a los niños, niñas o adolescentes es, en muchos casos, un objetivo excesivamente ambicioso.
En este tipo de intervención, sería suficiente con conseguir que los padres o responsables legales:
Para ello, además de lo señalado anteriormente, es importante tener muy en cuenta al inicio de la intervención cuáles son las necesidades percibidas por los padres o responsables legales y su opinión acerca de qué es lo que consideran necesario mejorar en su situación y en la de los menores.
Ayudar a los padres o responsables legales a abordar lo que ellos perciben como necesidades prioritarias va a reforzar la imagen de los servicios sociales y del programa de intervención familiar como fuente de apoyo y su propia imagen como agentes activos de cambio.
La consecución de los objetivos anteriormente señalados –reconocimiento por parte de los padres o responsables legales de que la situación de los menores puede mejorar e implicación en este objetivo- puede ser suficiente para iniciar un programa de capacitación parental o cuando eso no sea posible, una intervención de apoyo específico al menor/es.