Infancia y Familia

Intervención familiar

El abordaje de los contextos de cronicidad en el marco de la intervención familiar

Diez principios que deben orientar la intervención en contextos difíciles

No sentirse emocionalmente vulnerable

Este aspecto de la “actitud como técnica” de intervención nos lleva a la importancia que tiene nuestro mundo emocional y todo aquello que puede ser inconsciente cuando estamos inmersos en la relación de ayuda con la familia. Compartir las situaciones de sufrimiento, de debilidad, de dolor, de impotencia o desesperanza por la que pasan, en muchas ocasiones, los usuarios de nuestra intervención, especialmente cuando se trata de menores, puede generar vulnerabilidad a cualquier persona que sea mínimamente sensible.

Es un valor que el profesional sea sensible. Es fundamental que el profesional veterano no pierda la sensibilidad y es importante activarla y alimentarla en lo posible porque está asociada con la motivación y la capacidad de conectar emocionalmente con el usuario.

Sin embargo, la “línea roja” de esa sensibilidad es no actuar con base en la propia vulnerabilidad. No actuar orientado a protegerse uno mismo y no actuar para curarnos a nosotros mismos de nuestro dolor o sentido de impotencia ante la situación de la familia con la que estamos trabajando. Esa “línea roja” indica que nuestro análisis y nuestras decisiones serían erróneas y estarían empezando a pervertir el sentido de la intervención profesional con las familias.

De nuevo aparece la sencilla idea de preguntarse con frecuencia (como un ejercicio de reflexión individual y también de trabajo en equipo):

  • ¿Cómo me siento?
  • ¿Cómo me está afectando esto?
  • ¿Qué síntomas de respuesta emocional vulnerable veo?
  • ¿Qué síntomas ven mis compañeros en mí?
  • ¿Qué signos veo yo en mis compañeros ante esta situación?

Esas preguntas deben ser parte de una rutina del trabajo en equipo y de la supervisión. No debe considerarse algo anecdótico, o excesivamente íntimo o privado, puesto que es la única manera de construir una fortaleza necesaria para una actitud que promueva la maniobrabilidad y eficacia del profesional.