Infancia y Familia

Intervención familiar

La gestión de la diversidad socio-cultural en el marco de la intervención familiar

La pobreza y la exclusión social desde el enfoque de la diversidad socio-cultural

Es esencial entender el efecto de la pobreza en todo lo que conlleva a la deprivación social y educativa en las familias porque, en muchas ocasiones, cuando se trata del trabajo con grupos étnicos minoritarios, con grupos culturales determinados de comunidades pequeñas y cerradas, se confunde la identidad de tipo cultural o de tipo étnico con el estatus socio-económico. De forma que, algunos rasgos muy señalados de identidad étnica o cultural de una comunidad, se confunden con la pobreza.

Ésta en algunas comunidades se mantiene durante varias generaciones y se convierte de forma crónica en un factor limitador para los menores. Los mecanismos que operan en este proceso son complejos, tienen que ver con el acceso a recursos, pero también con la acomodación, con las expectativas, con la propia identidad creada dentro y fuera de esa comunidad para los menores.

  • La forma de relacionarse dentro de esas comunidades con los servicios de atención familiar, y en general con los servicios públicos, es en ocasiones consecuencia de la propia situación de deprivación social y educativa de esas familias, y en absoluto de su identidad cultural.
  • La pobreza no conlleva en absoluto aislamiento, ni conlleva directamente ninguna barrera en el establecimiento de una relación de ayuda, al contrario puede ser un factor que propicie la utilización de un contexto de ayuda desde los servicios sociales.
  • Sin embargo, las situaciones de exclusión, que generan una invisibilidad de los problemas y una barrera para el buen uso de los recursos de atención familiar y de protección, suelen estar en una proporción muy alta asociadas a condiciones de pobreza.
  • Una intervención psicológica, educativa, y social, se puede encontrar con una barrera de impenetrabilidad y aislamiento cuando coinciden variables de diferencias culturales, de aculturización conflictiva o deficiente, con condiciones de pobreza.
  • La intervención rompe esa barrera cuando somos capaces de entrar y ser aceptados dentro de los parámetros culturales de los usuarios y, al mismo tiempo, cuando damos prioridad a necesidades básicas de las familias afectadas por la pobreza. Cuando hay necesidades básicas de alimentación o vivienda sin cubrir en la familia, la intervención ha de integrar, lógicamente, esas necesidades básicas dentro de la protección de los menores.