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Estrategias para prevenir la aparición de conductas problemáticas en el ámbito residencial mediante el encuadre relacional

La adquisición de capacidades de autocontrol y solución de problemas

Uno de los problemas más frecuentes que los educadores encuentran en su trabajo con niños y adolescentes en acogimiento residencial es la dificultad que tienen para controlar sus emociones y expresarlas de manera socialmente aceptable.

En concreto, los sentimientos de frustración o de ira suelen dar lugar a explosiones conductuales que generan mucha tensión y conflictividad en los hogares, a veces desencadenados por detalles o circunstancias que tienen objetivamente poca importancia.

Estos patrones de conducta pueden tener mucho que ver con lo que se ha analizado en la teoría del apego y con la falta de un ambiente educativo que haya sabido modelar el manejo de las emociones y los límites de las conductas.

El autocontrol requiere un ejercicio de reflexión sobre las propias emociones y aprender a pensar antes de actuar, lo que lo relaciona la habilidad de solución de problemas. (…) Los niños deben adquirir la capacidad de reconocer sus propias emociones y decidir la forma apropiada de expresarlas de manera que una manifestación inadecuada no genere todavía más problemas.

Enseñar a los niños a reflexionar ante los problemas y a valorar diferentes soluciones haciendo un balance de pros y contras es una técnica que se utiliza en muchos programas, ya sean de habilidades sociales, de manejo de conflicto o de prevención de la ansiedad y depresión.

El principio de pensar antes de actuar y el autocontrol que supone es uno de los objetivos educativos más importantes que se deben plantear los educadores. Para ello, de nuevo la vida cotidiana proporciona numerosas oportunidades de puesta en práctica, desde tomar decisiones sobre la planificación de una actividad lúdica, resolver conflictos o elaborar normas.

La solución de problemas queda así conectada a otro concepto muy importante que es la participación de los niños y jóvenes en las decisiones que les afectan. Esta participación se ha ido definiendo en los últimos años como un derecho, pero tiene una gran importancia también por lo que significa en cuanto a evitar posturas de dependencia y pasividad que podrían agravar aún más el desarrollo de estos niños y adolescentes.

Fuente

Elvira, L., (coord.), et al., Salud mental de menores en acogimiento residencial. Guía para la prevención e intervención en hogares y centros de protección de la Comunidad Autónoma de Extremadura. Badajoz, Junta de Extremadura, 2011, 240 p.

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