El manejo de la hostilidad intrafamiliar en las entrevistas con la familia es sin duda un factor clave para crear un contexto seguro. La capacidad del profesional para controlar y canalizar las expresiones de culpa, desprecio y hostilidad depende mucho de su formación y de su experiencia.
Una característica del profesional eficaz es que no ignora los sentimientos de vulnerabilidad que expresan los clientes –señales de temor, actitudes defensivas, ansiedad excesiva o explosiones de llanto–. No es raro que los miembros de la familia necesiten protección del acoso y las acusaciones de los otros, especialmente en contextos de violencia y abuso.
Obviamente, una entrevista deja de tener un sentido terapéutico si se produce una escalada del conflicto familiar hasta el punto de que tienen lugar amenazas verbales o físicas, o intentos de intimidación.
Desde el punto de vista sistémico de la alianza, la falta de seguridad tiene que ver con la dinámica del propio sistema familiar –conflicto, dejación del cuidado, dificultades de apego, etc.– o con la relación inter-sistemas –la defensividad y desconfianza entre la familia y los profesionales en su interacción–.
Otras amenazas a la seguridad en el sistema de intervención, de las que a menudo no somos conscientes, las genera el propio sistema profesional, esto es, las causan las tensiones o conflictos entre los miembros del equipo o entre estos y otros miembros importantes del sistema profesional amplio –el supervisor, otros profesionales que toman parte en el caso–.
Debido a que las fuentes de amenazas potenciales (tanto intra-sistema como inter-sistema) son múltiples, disponer de un amplio «mapa sistémico» del proceso de tratamiento nos procura muchos recursos potenciales para crear y consolidar contextos de intervención seguros para nuestros clientes.
Una idea clave es que la seguridad es un pre-requisito esencial para desarrollar el enganche activo que hemos definido más arriba.