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Dimensión comunitaria y promoción de la ciudadanía

El apoyo entre iguales busca hacer intencional y planificado lo que de manera natural e informal se debería producir en todo grupo, colectivo o comunidad, es decir, las dinámicas de influencia y ayuda mutua entre sus miembros. En ese sentido, contribuye a construir o reconstruir lazos sociales, y también supone una importante vía para fomentar la participación y el protagonismo de la comunidad en la prevención y/o en la resolución de sus problemáticas, pudiendo constituir un complemento perfecto a la metodología del acompañamiento.

Una de las principales potencialidades del apoyo entre iguales es su capacidad para generar proximidad. Siguiendo la tipología planteada por Aguilar, Llobet y Perez (2012), se trata de un tipo de proximidad existencial, fundamentada en la capacidad para generar empatía, confianza y adaptación que aporta el hecho de que la persona que apoya y la apoyada tengan o hayan tenido características, vivencias y dificultades comunes.

A partir de la generación de este tipo de proximidad, el apoyo entre iguales puede ser capaz de influir en la adquisición de nuevos conocimientos, en la modificación de actitudes y en el fortalecimiento o la creación de nuevas capacidades (Arza y Carrón, 2014).

En definitiva, ¿qué puede aportar el apoyo entre iguales al acompañamiento social?:

  • Favorecer la proximidad existencial
  • Contribuir a la construcción o reconstrucción de lazos sociales
  • Facilitar la participación y el protagonismo de la comunidad en la prevención y/o resolución de sus problemáticas

El apoyo entre iguales es un concepto paraguas que recoge diferentes enfoques, metodologías y estrategias. Describiremos a continuación las características de las principales formas de organizar el apoyo entre iguales.

  • Grupos de ayuda mutua

Los grupos de ayuda mutua suponen un espacio de apoyo emocional y de aprendizaje a través del intercambio experiencial entre sus miembros. Además son un lugar para el entrenamiento en la interacción social cara a cara y en la construcción de lazos sociales. Este entrenamiento puede servir para que la persona genere también lazos sociales más allá del grupo.

Es importante no confundir un grupo de ayuda mutua con un grupo de apoyo. Los grupos de apoyo son conducidos por un o una profesional, mientras que los grupos de ayuda mutua están conformados por persona afectadas por el fenómeno que se afronta en el grupo y tienen un carácter voluntario y horizontal. No obstante, muchos grupos de ayuda mutua han tenido su origen en grupos de apoyo que fueron haciéndose autónomos paulatinamente respecto a la coordinación profesional.

En la actualidad, el movimiento de la ayuda mutua se ha circunscrito mucho al ámbito de la salud, y especialmente al campo de las discapacidades, la salud mental, las diferentes dependencias y las enfermedades crónicas.

No obstante, también existen experiencias en otros ámbitos, como pueden ser los grupos de ayuda mutua conformados por personas afectadas por separaciones, por la pérdida de algún familiar, por proyectos migratorios complicados, etc. Lo cierto es que cualquier problemática social puede utilizar la ayuda mutua como estrategia de intervención (Arza y Carrón, 2014), aunque se trata de una metodología muy poco utilizada en el ámbito de los servicios sociales y la incorporación social.

 

  • Grupos de interés o presión (asociaciones)

En comparación con los grupos de ayuda mutua, que sobre todo se centran en la satisfacción de necesidades internas al colectivo, los grupos de interés o presión orientan sus objetivos fundamentalmente hacia el exterior. Las actividades tradicionales de estos grupos son las siguientes:

  • Influir en la imagen social que se tiene sobre el colectivo que representan
  • Influir en el diseño de las políticas que se desarrollan para atender sus necesidades
  • Denunciar situaciones de discriminación que sufre su colectivo
  • Defender los derechos de su colectivo en el uso de los servicios públicos o representar a su colectivo ante la sociedad (Arza y Carrón, 2014)

En el campo sociosanitario, y en el de la exclusión social, los grupos de interés o presión han surgido mayoritariamente a iniciativa de familiares y otras personas sensibilizadas con esta problemática, “limitándose” las personas afectadas a ser usuarias de los servicios ofrecidos y beneficiarias de las acciones emprendidas.

Podríamos decir que más bien han sido (y todavía son) organizaciones pro-personas afectadas. No obstante, recientes experiencias como las de la Plataforma de Personas Afectadas por las Hipotecas (PAH) muestran el interés y la posibilidad de construir grupos de interés o presión en los que las personas afectadas jueguen un papel protagónico.

 

  • Educación entre iguales

La educación entre iguales es la acción de una minoría de representantes de un grupo o población, que intentan activamente informar, influir y formar, a la mayoría de ese mismo grupo o población, en un tema para el que se han capacitado (Svenson et al., 1998).

Por ejemplo: se forma a un grupo de personas drogodependientes para que posteriormente difundan mensajes de educación para la salud en su comunidad de consumidores; se forma a un grupo de miembros de APYMAS para que posteriormente organicen grupo sobre parentalidad positiva en sus centros educativos; se forma a un grupo de mujeres gitanas para que posteriormente colaboren en la convocatoria y en el desarrollo de grupos de educación sexual dirigidos a otras mujeres de su comunidad; etc.

En la literatura científica se destacan algunas importantes potencialidades que poseen los programas que cuentan con la participación de iguales como agentes educativos:

  • Mejorar el acceso de la población usuaria. Los y las agentes de educación entre iguales: tienen acceso físico  cultural a la población destinataria en su entorno natural y no llaman la atención. Esto es especialmente importante cuando se trabaja con poblaciones de difícil acceso.
  • Mejorar la comunicación con la población usuaria. Los y las agentes de educación entre iguales son comunicadores eficaces y creíbles y tienen un conocimiento profundo de la población destinataria. Es decir, utilizan códigos comunicativos adaptados a la población destinataria.
  • Mejorar la identificación de la población usuaria. Los y las agentes de educación entre iguales son un ejemplo de conducta para fomentar la adopción de comportamientos preventivos en la población destinataria.
  • Fomentar la participación de la población usuaria. La educación entre iguales facilita la participación de la población usuaria en el programa.

Además, la literatura científica también menciona algunos criterios que deben cumplir los programas de educación entre iguales para poder llegar a ser eficaces. Destacaremos a continuación los más importantes:

  • Debe ir acompañado y ser complementado por otra serie de programas y estrategias.
  • Debe producirse una adecuada captación y selección de personas candidatas a convertirse en agentes de educación entre iguales.
  • Las personas seleccionadas deben recibir una buena capacitación.
  • Los y las agentes de educación entre iguales deben contar con un buen sistema de supervisión y acompañamiento profesional.
  • Se les debe ofrecer una serie de herramientas de calidad para realizar su labor: folletos informativos adaptados, guías metodológicas para orientar su labor, etc.
  • El programa debe ser convenientemente evaluado (evaluación de necesidades, evaluación del proceso y evaluación de resultados)

La filosofía originaria de esta metodología contempla que la acción de los y las agentes de educación entre iguales sea voluntaria. La formación que adquieren, el incremento en su autoestima, o su satisfacción al ser útiles para sus pares, se convierten en incentivos suficientes para su participación en estas acciones.

 

  • Peer workers

Este último enfoque supone la profesionalización del apoyo entre iguales, es decir, la contratación de iguales como miembros de los equipos de intervención. En nuestro contexto este enfoque está siendo aplicado principalmente en la intervención con población inmigrante y con la comunidad gitana, donde suelen ser denominados mediadores interculturales. Sin embargo, en otros campos las experiencias son mucho más reducidas y puntuales (Arza y Carrón, 2014).

Además de las potencialidades ya señaladas en el apartado de educación entre iguales, en la bibliografía se distinguen tres contribuciones que puede producir la incorporación de peer workers en un equipo (Davidson et al., 2012):

  • Infundir esperanza a través del propio testimonio sobre la evolución vital y profesional del peer worker.
  • Aportar su conocimiento experiencial. El peer worker puede aportar, desde los saberes no académicos, sus conocimientos prácticos sobre autocuidado de la enfermedad, sobre cómo afrontar los problemas de la vida cotidiana o la discriminación, o sobre cómo desenvolverse en los laberintos de los servicios públicos.
  • En tercer lugar, y como elemento que determina los dos anteriores, la proximidad existencial facilita que el peer worker pueda construir un estilo de relación caracterizado por la confianza, la aceptación, la comprensión y la empatía.
  • Añadimos otra potencialidad relevante de esta modalidad del apoyo entre iguales: su capacidad para transformar las visiones profesionales y sociales. La experiencia que la convivencia con un peer worker aporta a los y las profesionales es de gran interés a nivel actitudinal, ya que incrementa la sensibilización hacia el colectivo y contribuye a reducir estereotipos. Lo mismo podríamos decir a nivel social, ya que la existencia de un peer worker contradice la extendida imagen social que relaciona a estos colectivos con la pasividad y la incapacidad (Arza, 2015)

No obstante, para que se hagan efectivas todas esas potencialidades es imprescindible que se cumplan las condiciones ya referidas en el apartado sobre educación entre iguales: adecuada selección y formación, supervisión y acompañamiento profesional, etc.

En cuanto a las funciones que pueden desempeñar los peer worker, en las experiencias estadounidenses se describen varias modalidades (Davidson et al., 2012):

  • En algunos casos desempeñan tareas auxiliares o de apoyo a profesionales tradicionales: gestores de casos, profesionales de trabajo social o terapia ocupacional, etc.
  • Sin embargo, en otras experiencias se ha optado por crear figuras específicas desempeñadas por peer worker. Destacaremos dos de estas figuras, por su especial interés
  • Tutor de empoderamiento. Trata de fomentar que las personas usuarias tengan una participación más activa en la dirección de su propio tratamiento y en la defensa de sus derechos. Esta figura conecta con la denominada “self advocacy”, que ha sido defendida por algunos autores como una forma de recuperación, por parte de la persona usuaria, de la labor de defensa de derechos e intereses y de representación que habían asumido otras personas o instituciones en su lugar (Fantova, 2008).
  • Tutor de conexión social. Trata de apoyar a las personas usuarias en el restablecimiento de su conexión  participación en redes y actividades comunitarias.

 

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