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Cómo fortalecer la convivencia en contextos locales con alta diversidad sociocultural

La participación ciudadana

La participación ciudadana puede ser definida como aquel “proceso en el que las personas toman parte en la toma de decisiones de las instituciones, programas y entornos que les afectan” (Heller, Price, Reinharz, Riger, & Wandersman, 1984). Asume diversos formatos, y toma cuerpo a través de diferentes alternativas, que van: desde el asociacionismo vecinal, organizaciones de base comunitaria como asociaciones de madres y padres de estudiantes, hasta movimientos sociales más o menos estructurados.

Quizás, por ello, Heller, Price, Reinharz, Riger, & Wandersman (1984) diferencian dos grandes formas de participación:

  • Una participación de base comunitaria (grassroots participation), donde las organizaciones y los movimientos sociales inician la participación y eligen sus propósitos y los métodos;
  • Una participación de tipo más formal (government-mandated), en la que existen unos requisitos establecidos para el ejercicio de la participación y las decisiones en políticas públicas. (…)

La conexión entre participación ciudadana y empoderamiento es una constante en la literatura, que coincide en definir la participación ciudadana como una de las vías que puede derivar en empoderamiento; un proceso más amplio y ligado a la adquisición de recursos, comprensión y dominio del contexto, en el que individuos y organizaciones se desenvuelven. (…)

En suma, se podría afirmar la existencia de vínculos teóricos y empíricos entre participación ciudadana y empoderamiento. Las acciones participativas son más efectivas cuando se realizan colectivamente y cuando se mantienen en el tiempo (Wandersman, 2009).

El papel del sentido psicológico de comunidad merece también una reflexión detenida, ya que se han hallado evidencias de una relación positiva entre el sentido psicológico de comunidad, la participación ciudadana y otros comportamientos de tipo pro-social (Omoto & Malsch, 2005), especialmente en el caso de organizaciones comunitarias (Chavis & Wandersman, 1990; Perkins & Long, 2002) y en términos de participación política (Davidson & Cotter, 1989). Los resultados parecen poner de relieve que el sentido psicológico de comunidad contribuye a la acción social individual y colectiva, al tiempo de promover otras formas de participación cívica, incluyendo iniciativas de ayuda a terceras personas, como puede ser el caso del voluntariado (Omoto & Snyder, 2010).

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