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Análisis del estado de la convivencia en contextos locales con alta diversidad sociocultural

Convivencia, coexistencia y hostilidad: una definición

A continuación, proponemos un modelo de situaciones sociales a partir del ideal de la convivencia. Se trata de una tipología en la cual se distinguen tres situaciones-tipo: convivencia, coexistencia y hostilidad. Esas tres situaciones están formuladas como caracterizaciones con un cierto grado de abstracción y generalización, es decir, como tipos ideales en el sentido weberiano del término. Esos tipos de relación no son, por lo tanto, ni reflejo ni calco objetivo de ninguna sociedad, grupo o cultura. No hay situaciones puras de convivencia. Todas las sociedades y culturas, todas las situaciones sociales, tienen elementos de convivencia, coexistencia y hostilidad, tanto si lo consideramos en una dimensión diacrónica como sincrónica.

Al aplicar el modelo a las realidades sociales concretas – en el contexto de un país, región, municipio, barrio, familia – la tipología debería servir tanto para caracterizar ese espacio como de predominio o hegemonía de la convivencia, la coexistencia o la hostilidad, como para determinar qué hay de todo ello en la situación concreta que analicemos. (…)

Lo que ahora trataremos de hacer es identificar esos principios fundamentales, esos factores constitutivos de todo estado de sociabilidad y a partir de ellos diferenciar nuestros tres tipos ideales de convivencia, coexistencia y hostilidad. Se sugieren los siguientes criterios para la definición y diferenciación de cada situación tipo:

  • la existencia o no de la interacción entre los sujetos y la naturaleza de esa interacción.
  • el hecho de tener establecidas unas normas de convivencia que son conocidas y respetadas, habiendo voluntad y procedimientos para ir adecuando esa normativa.
  • asunción compartida o no de los valores del grupo.
  • carácter participativo o no de la comunidad.
  • la comunicación existente.
  • si se abordan o no los conflictos y cómo, con especial énfasis en la existencia o no de violencia directa, simbólica o estructural
  • la presencia o no de tolerancia y cómo se entiende o practica ésta.
  • identidad y sentido de pertenencia.

Como puede verse todos estos rasgos remiten a la cuestión central que es la relación entre los sujetos. No puede ser de otra forma, pues convivencia, coexistencia y hostilidad son conceptos y realidades relacionales. A continuación, se establecen los tres perfiles correspondientes, seguido de un ejemplo en cada caso, ejemplos que ubicaremos en los barrios con notable presencia de población de origen extranjero y con intensos procesos de multiculturalización.

  • La convivencia
    • En la convivencia las personas se relacionan activamente entre ellas, no se vive separadamente de espaldas unas de otras. Esa interacción tiene elementos de reciprocidad, aprendizaje mutuo y cooperación.
    • Se comparte no solo el espacio o el territorio, sino que se respetan y asumen los valores básicos o centrales de la comunidad así como las normas morales y jurídicas.
    • Distintos intereses son convergentes y crean vínculos entre los sujetos, más o menos sólidos pero al fin y al cabo vínculos.
    • Hay quién no habla con otros y claro que se producen malos entendidos, pero por lo general la gente se comunica y se comunica básicamente bien.
    • Claro que hay conflictos, lo cual es propio de la vida social, pero estos conflictos se previenen y cuando se manifiestan se afrontan mediante procedimientos pacíficos ya previstos y conocidos.
    • En un espacio de convivencia habrá respeto a la ley y habrá prácticas de arbitraje, mediación o conciliación.
    • La mayor parte de los miembros tiene una actitud de tolerancia bastante activa, de reconocimiento sin paternalismo del que piensa distinto y se comporta de otra forma, siempre que se cumplan las normas comunes del grupo.
    • Es habitual que haya situaciones de mezcla o mestizaje: parejas mixtas, fusión cultural, alianzas entre grupos, organizaciones diversificadas en su composición, etc., sin que ello conlleve la desaparición de los grupos o colectivos específicos.
    • Con independencia de que cada grupo e incluso cada persona se identifique de forma particular, en un régimen de convivencia se tiene asumido la pertenencia a una unidad sociopolítica, moral o ideológica (común) mayor.

  • La coexistencia
    • En la coexistencia las personas no se relacionan de forma activa y se vive bastante separadamente.
    • La relación entre los individuos es de respeto, pero de un respeto más bien pasivo, de dejar hacer, con nulo o poco interés por el otro. Se tiene conciencia de que el otro es diferente y se supone que vive en un mundo sociocultural distinto en el que se le deja estar, mientras uno no resulte perjudicado.
    • Entre los que se perciben como diferentes apenas hay relaciones intensas y duraderas de amistad, visiteo, pareja, parentesco, asociacionismo compartido.
    • Las relaciones interpersonales e intergrupales son las mínimas para la vida junto a los demás, relaciones más bien esporádicas y sin gran intensidad.
    • Se cumplen las normas básicas de educación, vecindad, circulación, etc. Quizás un segmento no esté de acuerdo con esas normas, pero usualmente se prefiere callar, no romper el statu quo. No importa si son diferentes e incluso divergentes los valores de cada persona, grupo o comunidad, así está bien mientras no haya líos o problemas mayores.
    • Cada cual a lo suyo; lo que se comparte lo es por imperativo cotidiano, porque se coincide en el tiempo y en el espacio, pero nada más (y nada menos), por pragmatismo e incluso por comodidad.
    • En coherencia con todo ello, la comunicación es casi exclusivamente con los considerados iguales y /o similares, siendo excepcional la charla y la interacción comunicacional con el desigual y /o diferente. Se piensa y se dice: "aquí la gente se lleva bien, no hay conflictos", remitiendo en parte la buena relación a la inexistencia de frecuentes e importantes disputas.
    • Se tolera al otro, pero desde la posición dominante, a veces porque no cabe otra; se le soporta a duras penas, por así decirlo.
    • Hay una contención en el ambiente, todo marcha más o menos bien mientras la sangre no llegue al río.
    • Predomina la identificación y el sentido de pertenencia con el propio grupo, siendo débil el sentido de pertenencia al grupo más amplio, sea éste la región, la ciudad, el barrio o la escuela. No hay voluntad de inclusión de todos en la unidad mayor – como ciudadanos, como vecinos, etc. – pero sí de no agredirse y "vivir en paz".

  • La hostilidad
    • En la hostilidad el ambiente es de tensión, de confrontación. Domina la competencia sobre la cooperación. O bien se está al borde de la escalada del conflicto, pues todo el mundo sabe que están latentes estos y aquellos asuntos, o bien directamente se está instalado en un conflicto permanente y frecuentemente desregulado.
    • En las relaciones humanas tiene una alta incidencia la desconfianza generalizada, la evitación física, el enfrentamiento personal o colectivo, la pelea, la culpabilización del otro (con mecanismos de chivo expiatorio o cabeza de turco). En los peores momentos, la hostilidad no es solo no verbal y verbal, sino física.
    • Hay discriminación establecida: cuando hay trato – por ejemplo, en una reunión donde necesariamente hay que juntarse-ese trato es bastante desigual según con quién se establezca, una cosa es hablar, negociar o festejar con los propios y otra es hacerlo con esos otros, que siempre son eso, otros y extraños de los que desconfiar, pensar mal, exagerar. Si veo que el sujeto de mi hostilidad participa en la vida social, lo entiendo como una amenaza.
    • No se habla con quienes son objeto de rechazo y cuando se habla con alguno de ellos las más de las veces hay malos tonos y la cosa puede acabar en descalificaciones y hasta insultos. Todo ello no es algo excepcional sino habitual. Y lo que es peor, cuando eso ocurre no se resuelve sino que se acumula, no se generan procedimientos que vayan regulando, encauzando, esa conflictividad y malestar.
    • No hay paz social, ni siquiera una paz pasiva, de escasos incidentes. Se sabe que esos que son vistos como problema y como lacra, y en cualquier caso como antagonistas, son desgraciadamente coparticipes en la sociedad, en nuestra sociedad no la de ellos, y ahí está el problema porque eso no se acepta, se rechaza.
    • El sector dominante no pretende incluir al sector subordinado en la vida social, sino que su hostilidad refleja su interés en excluir.
    • Al igual que con la convivencia y con la coexistencia, también con esta caracterización de la hostilidad hay que tener presente su carácter generalizante. En las situaciones reales la hostilidad no será siempre manifiesta, habiendo momentos y momentos. Y grados: habrá fases álgidas de hostilidad y fases de menor agresividad. Y no todo el mundo, mientras unoS están instalados en el enfrentamiento, otros tratan de apaciguar, de unir, de crear otras relaciones.

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