La práctica totalidad de las investigaciones coinciden en afirmar que conocer su frecuencia es harto complicado, debido a factores metodológicos y culturales que condicionan la estimación fiable de su extensión (Aroca-Montolío et al. 2014; Estévez y Navarro-Góngora, 2009; Ulman y Straus, 2003).
Entre los principales impedimentos metodológicos cabe destacar la disparidad en:
Por otro lado se encuentran las cuestiones culturales y, en este sentido, es importante destacar que la violencia filio-parental es un problema que en muchas ocasiones se mantiene en secreto por vergüenza, miedo hacia la reacción de los propios hijos o incluso por proteger la imagen familiar (Pérez y Pereira, 2006). También, en ocasiones, las conductas y actitudes violentas de los hijos se llegan a normalizar a ojos de los padres (Gallagher, 2008) por lo que no llegan a trascender el núcleo familiar.
La estimación de prevalencia a nivel internacional se encuentra entre el 10% y el 18% (Gallagher, 2008). En España la prevalencia en violencia filio-parental establecida en las memorias judiciales sobre adolescentes de 14 a 18 años es del 3.1% en violencia física y del 12.9% en violencia psicológica (Rechea, Fernández y Cuervo, 2008).
A nivel comunitario, algunos datos más recientes proceden del estudio de Calvete, Gámez-Guadix y Orue (2014) realizado con adolescentes escolarizados de edades comprendidas entre los 12 y 17 años. En sus resultados, los autores reflejan que el 13.7% de los adolescentes han ejercido violencia física al menos una vez en el último año y el 4% lo ha hecho al menos entre 3 y 5 veces en el último año, mientras que la mayoría de los encuestados habían ejercido al menos una vez al año violencia psicológica hacia sus padres (el 92% hacia su madre y el 86% hacia el padre), y el 13.8% lo habían hecho más de 6 veces en el último año.