Se trata de familias con estilos educativos caracterizados por el exceso de protección, con niveles altos de permisividad y por ello incapaces de ejercer la autoridad.
En estos casos los deseos de los niños suelen ser satisfechos inmediatamente, y se les evita toda tarea que requiera un mínimo esfuerzo, generando así adolescentes con escasa capacidad de tolerar la frustración.
Las normas de este tipo de familias son inconsistentes (a veces, los padres se contradicen en sus normas, o éstas no se mantienen suficientemente estables como para proporcionar seguridad, referencias y límites a los hijos), los padres van renunciando a su autoridad y finalmente, se ven incapaces de frenar las conductas violentas de sus hijos adolescentes (Agnew y Huguley, 1989; Charles, 1986; Harbin y Madden, 1979; Micucci, 1995; Ney y Mulvihill, 1982; Omer, 2000).
El estilo educativo de este tipo de familias coincidiría con el «estilo permisivo-indulgente» de la clasificación de estilos parentales descritos por Barudy y Dantagnan (2005) en relación a las incompetencias parentales.
En esta categoría se incluirían aquellas familias con interacciones muy rígidas y agresivas en las que se ha aprendido que el uso de la violencia posibilita alcanzar los objetivos que uno se propone.
Los estilos educativos «autoritario-represivos» utilizados por los progenitores implican que el control parental se ejerce de manera inflexible, a través de castigos corporales, humillaciones y rechazos (Barudy y Dantagnan, 2005).
Los adolescentes viven los castigos, sobre todo si son físicos, como humillantes y ridículos, ya que, sienten que se les está tratando como a niños, cuando ellos ya desean sentirse como adultos. Los castigos vividos como injustos no hacen más que exacerbar el resentimiento, enfado y frustración de estos jóvenes, quienes en cuanto pueden recurren a la violencia para rebelarse, o fantasean sobre posibles formas de venganza contra sus padres (Evans, Heriot y Friedman, 2002).
Los padres son incapaces de desempeñar su rol y, consecuentemente, los adolescentes toman responsabilidades de adultos. Sería el caso de las familias que están viviendo un gran estrés familiar que hace que se descuiden las funciones y roles de cada miembro, hijos que están parentalizados y que se encuentran triangulados en medio de un conflicto de pareja.
Esta carga puede ser insoportable para algunos de ellos que recurren a la violencia como medio de rechazar este rol adulto. Podría tratarse de familias con bajos niveles socio-económicos, en las que los jóvenes tienen gran autonomía y responsabilidad en relación a su subsistencia.