Para que las relaciones entre las personas residentes y los miembros del personal más cercanos, con los que más trato tienen, sean auténticas es esencial evitar que queden sistemáticamente circunscritas a la relación de cuidado o a cuestiones relacionadas siempre con la residencia. Tienen que llegar a sentirse en confianza como para hablar de otras cosas, de su pasado, de cómo se sienten, de sus miedos, de sus esperanzas. Y conseguirlo exige también cierto nivel de reciprocidad; no se trata de que la persona profesional haga confidencias, pero sí de que pueda compartir algún comentario personal, que sitúe la relación en otro plano.