Las personas profesionales tienen que tener la oportunidad de compartir, entre ellas, en confianza, sus preocupaciones, sus dudas, sus miedos o sus formas de hacer y compartir consejos o ideas para mejorar la atención prestada, lo que exige que puedan desarrollar relaciones genuinas y recíprocas, basadas en la empatía, la compasión y la comprensión mutua. Puede contribuir a ello que definan objetivos comunes en relación con unas u otras cuestiones.
Este tipo de relación contribuye a crear un espíritu de camaradería que tiene un fuerte impacto en el bienestar subjetivo de las personas profesionales y en el ambiente del servicio, lo que, a su vez, impacta en la calidad de vida de las personas mayores y de sus familiares y otras personas allegadas.