Para que las personas residentes realmente consideren que la residencia es su lugar de vida en esta nueva fase de su trayectoria, es indispensable adoptar medidas que les permitan tener un impacto real, efectivo, en el funcionamiento de ese espacio y de esa comunidad de cuidados, en aspectos organizativos que condicionan su forma de vida, que les empoderen para sentirse protagonistas activas de ese entorno, no usuarias pasivas que acceden a un lugar en que todo está ya decidido. Esto puede hacerse por distintos medios:
- Por supuesto, una de las vías consiste en establecer cauces formales de participación colectiva: asambleas de usuarios que, a su vez, pueden nombrar pequeños grupos o comisiones encargadas de hacer propuestas con respecto a determinados aspectos del funcionamiento residencial.
- Otra vía viene dada por los procedimientos de sugerencias y quejas, que deben facilitarse, prestando los apoyos que sean necesarios para recurrir a los mismos.
- Una tercera posibilidad es la intervención en procesos de mejora de la calidad, aportando su opinión en la fase de diagnóstico y en la fase de diseño y debate de alternativas de mejora.
- Otra forma de participación que es necesario promover es más informal, más natural por así decirlo, y consiste en favorecer la participación en distintos momentos en los que, de forma espontánea, pueda resultar interesante: por ejemplo, en el marco de actividades en las que las personas residentes tienen unos conocimientos que podrían poner al servicio del interés común.