La sensación de propósito también está estrechamente asociada al control que uno ejerce sobre su propia vida y sobre su entorno, lo que, a su vez, está directamente vinculado a las posibilidades reales de elegir entre distintas alternativas en la vida cotidiana. Para que sea posible, la organización, el funcionamiento de la residencia y las pautas de atención deben promover la existencia de diversas alternativas en los diferentes aspectos de la vida residencial. Esta diversidad, que contribuye a reforzar la orientación del servicio hacia una mayor personalización de la atención y hacia el reforzamiento de las relaciones, es propia de servicios centrados en las necesidades y preferencias de las personas y en las relaciones, al contrario de la homogeneidad que es más propia de servicios articulados en torno a sus propias necesidades.