Como se ha indicado en el apartado 3 de este Anexo, dedicado a la Sensación de Continuidad, es importante que las personas residentes perciban su ingreso en la residencia como una nueva etapa en su trayectoria vital (en lugar de tener la sensación de entrar en la fase final de su vida) y que a ello puede contribuir de forma muy considerable el mantenimiento de su identidad y de los nexos entre el pasado, el presente y el futuro.
Tener objetivos, incluso modestos, es una forma de que la persona mayor pueda seguir sintiéndose la persona que siempre ha sido; es decir, seguir actuando como lo hacía antes, cuando estaba en casa. Esos objetivos pueden tener que ver con el mantenimiento de su autonomía física, con la mejoría de algún aspecto de su salud, pero también pueden tener que ver con sus intereses, sus aficiones, la preservación de su identidad, y el establecimiento y conservación de las relaciones familiares y sociales; en otros términos, con el estilo de vida que desea llevar o que desea preparar para el futuro. Los objetivos ayudan a tener un propósito en la vida, y eso es lo que, de algún modo, determina que unas u otras actividades resulten más o menos significativas para la persona: cuanto más vinculada a uno de sus objetivos, sea cual sea éste, más sentido tendrá para la persona.
En el plan de atención individualizada, pueden definirse algunos de estos objetivos, con la persona y con su familiar, para que se tengan en cuenta en la forma de prestar la atención y en la articulación de los apoyos necesarios en caso de requerirlos. Para ello es fundamental que, en la valoración de necesidades, preferencias y riesgos, se tengan en cuenta las limitaciones, pero también las capacidades actuales y potenciales.