El día del ingreso es, además de una muy buena ocasión de transmitir una sensación de seguridad como se ha indicado en el apartado 2 de este Anexo, un buen momento también para hacerle ver, por el ambiente que hay en la residencia, que ese espacio puede en el futuro, convertirse en un espacio propio, un espacio que percibirá como algo parecido a su propia casa. Crear una atmósfera de bienvenida, que arrope a la persona, sin infantilizarla, en un momento tan delicado puede ayudar a conseguirlo.
Para facilitar la adaptación de la persona, es decir, su proceso de integración en un nuevo entorno es importante que pueda familiarizarse con el mismo, sin prisas, a su ritmo, y a ello pueden contribuir, además de su profesional referente, alguna persona residente atendida en su mismo módulo que se encargue los primeros días de darle su apoyo, de tranquilizarle y de mostrarle que sabe cómo se siente porque también pasó por la misma circunstancia.