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Algunas herramientas metodológicas para implementar el modelo de atención centrada en la persona

  • ¿Cómo integrar contenidos terapéuticos en las actividades de la vida diaria?
    • Lo que la persona hace o desea hacer en su vida cotidiana es consecuencia en gran parte de su biografía, pero también refleja sus intereses actuales y sus deseos. Por ello, las actividades de la vida diaria han de desempeñar el importante papel de hilo conductor de las programaciones e intervenciones terapéuticas.
    • La realización de las actividades cotidianas: vestirse, conversar, cocinar, leer, pintar, arreglar el jardín, escribir, organizar o reparar objetos, manejar el dinero, comprar, etc., tiene valor terapéutico al poner en juego habilidades funcionales, cognitivas y relacionales de las personas
    • Mantener o proponer un nivel de actividad adaptado a las capacidades, ritmos y deseos de las persona es llevar a cabo un plan terapéutico.
    • La actividad terapéutica debe ser organizada en sintonía con el ritmo y rutina de las actividades de la vida diaria de cada persona, contemplando para ello tanto las actividades más comunes (aseo, movilidad, alimentación, tareas domésticas, etc.) como otras de ocio, aprendizaje y desarrollo personal o contacto social que le resulten significativas o agradables. (…)
    • La idea es integrar la perspectiva terapéutica en la estimulación que supone la realización de las actividades cotidianas y significativas para la persona. Esto se justifica por dos razones:
      • Porque es lo que la persona hace y por ello resulta natural.
      • Porque cuando se trata de actividades gratificantes éstas llevan ya consigo la necesaria motivación.
    • Para ello se propone seguir varios pasos:
      • Identificar, junto con la persona usuaria, sus actividades cotidianas y las más gratificantes y significativas. Unas actividades serán básicas y generalmente comunes a otras personas usuarias (el aseo, la comida) y otras tendrán una carácter más particular en función de los propios intereses (leer, pasear, preparar la comida, cuidar el jardín, hacer ejercicios intelectuales, actividad física).
      • Una vez diseñada la rutina significativa, será el momento de priorizar los objetivos de estimulación terapéutica. Estos pueden variar mucho de una persona a otra y es importante saberlo.
        • Por ejemplo, en una persona que ha tenido recientemente un accidente cerebro vascular (ACV) podrá tener importancia la adquisición de mayor independencia funcional o ganar fluidez en su lenguaje.
        • En una persona con Alzheimer avanzado podrá resultar más importante mantener un mínimo de actividad, evitar la frustración y hacer que se sienta tranquila y segura.
      • Seleccionar varias actividades cotidianas en torno a las que se considere apropiado plantear un plan de estimulación:
        • Una opción puede ser la de elaborar fichas que guíen los procesos de estimulación global mediante actividades de extensión:
          • Se trata de saber qué habilidades (físicas, cognitivas, sociales) se ponen en juego cuándo se realiza esa actividad y cómo pueden ser reforzadas mediante actividades complementarias aprovechando ese contexto.
          • Además, en cada ficha se pueden recoger aspectos emocionales que refuercen el desarrollo de la actividad.
        • Con estas fichas personalizadas se pretende: 
          • Por un lado, que los profesionales de atención directa sean conscientes de lo que, desde el punto de vista estimulativo, supone para la persona la realización de las actividades cotidianas, así como identificar las habilidades que éstas requieren.
          • A su vez, tratan de dar pistas sobre cómo, aprovechando estos momentos, introducir a modo de propuestas de extensión actividades complementarias que refuercen éstas y otras habilidades.
        • Formar al personal en estos contenidos es un requisito previo necesario para que esta metodología funcione y se aplique de una forma adecuada.
        • Resulta imprescindible que este tipo de instrumentos estén adaptados a cada persona, partiendo de lo que ésta hace habitualmente y valorando lo que es capaz de hacer y no hace (por falta de estimulación y oportunidades, por falta de motivación o por falta de apoyos).
        • Las propuestas de tareas de extensión han de estar dentro de las capacidades de la persona.
        • Si se opta por este tipo de apoyos es importantísimo que se entiendan como una herramienta de orientación, e incluso de formación para el profesional de atención directa, no como algo que haya que seguir de forma mecánica y a «raja tabla», ya que con esto provocaríamos una situación algo «fría».
        • Seguidamente se muestran algunos ejemplos de cómo pueden ser empleadas estas fichas, siempre adaptadas a cada persona y utilizándolas como guías y desde la naturalidad que debe tener todo contexto relacional y, como tal, de comunicación. (…)

 

 

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