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Principios y características del acompañamiento social

Una de las ideas que subyacen en el acompañamiento y en los conceptos de individualización y proceso, es que los tiempos en la intervención se deben adaptar al caso e itinerario vital concreto. No obstante, se deben establecer unos mínimos que cumplir para que podamos hablar de una intervención en clave de acompañamiento. No puede entenderse como tal “ir con la persona atendida puntualmente a realizar una gestión, ni a entregar un currículum en una empresa”. Tampoco lo es una mera atención en un proceso de búsqueda de empleo o de vivienda en el contexto de un despacho. No lo es si no parte de una relación referencial y continuada.

  • La gestión de casos en clave de acompañamiento trasciende un acompañamiento físico puntual. Desde esta perspectiva, cada proceso se irá construyendo progresivamente sobre la base de las necesidades y potencialidades individuales. En unas ocasiones se tratará de intervenciones muy prolongadas en el tiempo, de meses o incluso años, y en otros casos, de intervenciones más cortas.
  • Por otro lado, una misma persona puede requerir de diferentes apoyos y de intensidades variables en la intervención en función del momento vital en el que se encuentre y ambos momentos son objeto del acompañamiento social.
  • La duración por tanto, será diversa, partiendo de unos mínimos, y la adjudicación del volumen de casos a atender simultáneamente por profesional dependerá de la gravedad de las situaciones y de la intensidad (alta, media o baja) de las intervenciones, siendo necesario compensar la tipología de casos atendidos por cada profesional o equipo profesional.
  • Se considera que la duración de los procesos de acompañamiento se debe situar como norma entre el mínimo de los 4 meses y el máximo de los 2 años, teniendo en cuenta excepciones, posibles entradas y salidas en función al momento vital de la personal y dado que no se trata de un proceso lineal.
  • En cuanto a la periodicidad y los tiempos de duración de cada encuentro, se señala la importancia de establecer una calendarización y una programación, pero siempre de forma flexible y adaptada a las necesidades de la persona y a los objetivos marcados. No obstante, no se considera un proceso en clave de acompañamiento si no supone un mínimo de un contacto quincenal.
  • Hay que tener también en cuenta que cada uno de esos encuentros requiere de tiempo para el establecimiento y revisión de los objetivos y estrategias, para la planificación, coordinación y evaluación y para las tareas administrativas que cada caso genera.
  • El acompañamiento debe adaptarse también a los tiempos y las posibilidades de las personas atendidas, por lo que es necesario tener cierta flexibilidad horaria.
  • No obstante, se debe evitar una constante redefinición de los tiempos ante la ausencia de objetivos. No podemos dar más tiempo de forma indefinida. No debemos olvidar que la flexibilidad no debe eliminar el cumplimiento de los compromisos.
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