Acción comunitaria

Participación ciudadana y procesos participativos

Claves para potenciar la participación individual en los procesos participativos comunitarios

La participación individual como base de los procesos grupales

Un grupo o comunidad no es un ente que exista por sí mismo, independientemente de las personas que lo constituyan. Son éstos (y sus interacciones y realizaciones) los que conforman el grupo. El grupo, por lo tanto, se refiere a que entre sus miembros existe una determinada estructura de relaciones que los enlaza estrechamente entre sí, por lo tanto, sin sus miembros, el grupo no existiría.

Por eso, en última instancia, están los individuos, las personas, con sus puntos de partida, sus motivaciones, sus necesidades, la valoración que hacen de sí mismas, sus habilidades para la relación y la interacción...y los papeles que les otorgamos. Y aunque en las organizaciones sociales o entidades de acción social dirijamos gran parte de nuestros recursos a las personas en situación de pobreza o exclusión social, y aunque los procesos de participación que generalmente ponemos en marcha estén especialmente destinados a favorecer su inclusión social, eso no significa, que las metodología y técnicas participativas sean recursos exclusivamente pensados para ellos (como si de técnicas especiales para personas especiales se tratara).

Todo lo contrario, si nuestro objetivo es movilizar los recursos comunitarios y mejorar los contextos y las situaciones en las que se produce la pobreza, la desigualdad y la exclusión, estamos hablando de procesos y de técnicas que facilitan el reconocimiento de todos y de todas, el sentimiento de pertenencia a un proyecto colectivo común y la implicación personal de todos los miembros de una comunidad para el establecimiento de un sistema de relaciones, interacciones y ordenaciones basado en la solidaridad, la interdependencia, la reciprocidad y la cooperación mutuas.

Por lo tanto, en nuestras actividades, en la selección de la metodología y las técnicas más adecuadas para la creación de procesos sostenibles de participación, es imprescindible tener en cuenta como punto de partida a las personas implicadas en el proceso y, por ende, su implicación personal: