Acción comunitaria

Nuevas tendencias en acción comunitaria

Capital social comunitario y activación comunitaria

Activación comunitaria

Propuestas para la integración de la comunidad en los sistemas de bienestar

A continuación, se muestran diferentes propuestas a tener en cuenta con la finalidad de integrar a la comunidad en los sistemas de bienestar.

  • Fortalecer y reorientar la intervención comunitaria
    • La intervención comunitaria y las políticas de activación comunitaria ni son una práctica extendida ni forman parte del hacer cotidiano de los servicios sociales.
      • En primer lugar, será necesaria, por tanto, una redefinición de las formas de intervención social para cambiar la forma en la que las instituciones se relacionan con la comunidad. Y no únicamente atendiendo a cuestiones cuantitativas (aumentar el número de intervenciones comunitarias), sino también cualitativas (cambiar la forma y los objetivos con los que se interviene).
      • En este sentido, la atención primaria competente en materia comunitaria debería jugar un papel fundamental, pero tal y como se concluye en el último informe del Ararteko (2016) o en los informes del Consejo Vasco de Servicios Sociales, este nivel de atención se encuentra en una situación menguante que va en claro declive.
    • Unos servicios de base con escasos recursos, deficientemente coordinados y con gran dependencia económica de las diputaciones, difícilmente podrán cumplir efectivamente con el trabajo que supone reorientar su labor hacia la intervención y construcción comunitaria.
    • Reforzar la atención primaria y los servicios sociales de base y dotarlos de recursos para la acción comunitaria puede ser un primer paso hacia la construcción de un sistema de bienestar que integre en mayor medida a la comunidad.
  • Fomento del asociacionismo y el voluntariado
    • Un cambio de valores es necesario si se pretende dotar de responsabilidades a las comunidades y a las personas que las integran.
      • Si los propios individuos no sienten la necesidad y el valor de participar en la mejora de sus entornos y sus condiciones de vida, no será posible llevar a cabo políticas de empoderamiento comunitario que obtengan resultados razonablemente positivos.
    • La educación juega un papel fundamental, ya que las personas que no hayan sido inoculadas con el virus de la participación y no lo sientan como necesario desde jóvenes, es difícil que sientan la necesidad de participar cuando sean adultos. Más hoy en día, con el individualismo y la asociabilidad que caracterizan a las sociedades occidentales, se hace necesario educar para la participación y la vida en comunidad.
    • Las asociaciones funcionan a menudo como escuelas de ciudadanía y de ciudadanos/as activos/as y participativos/as, por lo que el fomento y el desarrollo del tejido asociativo puede tener consecuencias positivas en el fortalecimiento de las comunidades, en tanto que ofrecen una red de oportunidades para participar y crecer en comunidad. De esta forma, tanto la educación en valores desde las escuelas como el desarrollo de las redes asociativas existentes en las comunidades pueden ser dos opciones complementarias para el desarrollo de personas activas y participativas que sean capaces y que sientan la necesidad de asumir responsabilidades para la mejora de sus comunidades y condiciones de vida.
  • El ‘auzolan’ y la gestión común de los bienes
    • Abrir el debate en torno a formas de gestión más allá de lo público y lo privado, en la que las comunidades o grupos locales puedan tener un papel importante, se considera esencial a este respecto. Esta forma de gestión grupal, o de autogestión de un bien o servicio por parte un grupo o comunidad, puede ser una opción no solo para el mantenimiento o gestión de recursos o bienes naturales, sino también en ámbitos directamente relacionados con la protección social.
    • La práctica del auzolan, arraigada y desarrollada en el territorio vasco, es un claro ejemplo de gestión común, que si bien ha ido perdiendo fuerza a lo largo de los años, sigue vigente y en una fase de reverdecimiento. Siguiendo a Mitxeltorena (2011), en diferentes trabajos etnográficos sobre el País Vasco se constata la importancia que ha tenido el barrio (auzoa) para este pueblo. El barrio ha sido formado para dar respuesta a aquello a lo que la casa no ha podido dar respuesta por sí misma y, en la medida en que el barrio fue rellenando espacios y necesidades, se fue fortaleciendo (Mitxeltorena, 2011). Esta forma ancestral de organización y protección social que tan importante ha sido en el contexto vasco puede ser hoy en día una clave determinante para el diseño de las políticas de activación comunitaria.  La cultura del auzolan y de la autogestión sigue vigente en el contexto vasco y las experiencias que se desarrollan cada año en el País Vasco dan cuenta de ello.
    • El asociacionismo y la vida en común están en declive y las presiones que ejercen los procesos descritos sobre los individuos son muy fuertes. Aprovechar la tradición y la inercia comunitaria que existe en el territorio puede ser una buena estrategia para buscar fórmulas alternativas y novedosas de dar respuesta a necesidades sociales. El auzolan sirve no solo de inspiración, sino también de eje sobre el que se puedan sostener diversas actividades o iniciativas relacionadas con la protección social.

Todas estas propuestas surgen en un contexto complejo para el desarrollo de dinámicas o estrategias de acción comunitaria. El individualismo y la carencia de tiempo y energía para asumir el trabajo comunitario después de las jornadas laborales, tareas domésticas o de cuidados, etc. hacen pensar que las comunidades no tienen actualmente la capacidad para asumir por ejemplo, la gestión de algún servicio que implique una dedicación considerable.