Acción comunitaria

Nuevas tendencias en acción comunitaria

Innovación social y desarrollo comunitario

Limitaciones del marco teórico de la innovación social

La singularidad del territorio

Los proyectos de innovación social suelen optar por un planteamiento centrado en la transformación comunitaria de los territorios en los que desea centrarse o por una aproximación temática, seleccionando algunos aspectos concretos sobre los que se quiere incidir. Son pocas las iniciativas que desarrollan una opción híbrida que consistiría en definir zonas prioritarias y temas específicos en esos espacios geográficos.

En cualquiera de los casos, la innovación debe tener en cuenta las dimensiones históricas y socioeconómicas de la región donde va a ser desarrollada. Novy y Leubolt (2005) enfatizan que la innovación social está arraigada e influenciada notablemente por el desarrollo socioeconómico y político histórico de la región, y la implementación exitosa de procesos de innovación social requeriría un “análisis de varias escalas de (sus) raíces históricas y geográficas”. (LEUBOLT, 2005, pág. 2)

Éste es uno de los grandes retos para el futuro. La mayoría de los problemas que se pretenden abordar desde una perspectiva innovadora (sean cuestiones de salud, educación, empleo, medio ambiente o derechos humanos) se desarrollan en un contexto cultural y geográfico determinado. Existen soluciones universales que no dependen de estas variables (como una vacuna, o una nueva herramienta financiera), pero la mayoría de las innovaciones sociales deben desarrollarse teniendo en cuenta estas especificidades (WOODCRAFT, BACON, 2013).

Al disociar la innovación social de su contexto cultural, nos encontramos con la paradoja de una búsqueda constante de la evidencia científica que no es replicable en ningún otro lugar. Perseguimos la evaluación de impacto sin saber cómo poder compartir ese conocimiento, ya que cada situación presenta sus propias especificidades. En términos generales, hemos generado mucho conocimiento sobre cómo desarrollar este tipo de proyectos, pero nos hemos olvidado de la dimensión humana y comunitaria del proceso de innovación social.

Hemos perseguido la ilusión de que actuaciones específicas y lineales podían generar un cambio sistémico y los resultados obtenidos nos demuestran lo contrario. En cierta medida, hemos adoptado de forma acrítica la forma en la que se interpreta la innovación en el sector privado, la forma en la que se incuba una nueva tecnología o empresa, y los hemos aplicado a la innovación social de forma casi mimética. En este camino, nos hemos olvidado de que el cambio afecta a procesos humanos y comunitarios que responden a lógicas culturales. A pesar de que haya muchos elementos comunes, no es lo mismo lanzar al mercado una nueva solución tecnológica que incorporar ese nuevo producto o servicio a la transformación de una organización, barrio o ciudad.