Acción comunitaria

Nuevas tendencias en acción comunitaria

Innovación social y desarrollo comunitario

Factores y procesos que facilitan la innovación social

Procesos instrumentales

a) Posibilidades del Isomorfismo empresarial

A pesar de las diferencias ya apuntadas entre la innovación tecnológica y la innovación social existen obviamente aspectos comunes. Los instrumentos utilizados para el fomento y desarrollo de la innovación empresarial pueden ser un banco de sugerencias a explotar y experimentar. De la misma forma que las sociedades avanzadas se preocupan del I+D+i como elemento de competitividad a nivel económico y refuerzan este sistema de innovación con todos los agentes implicados, no existe el mismo nivel de inquietud para generar el sistema potenciador de las innovaciones sociales necesarias para paliar los problemas de los colectivos más necesitados.

¿Podría pensarse en la creación de “centros de innovación social”? ¿Cuál sería la oficina de transferencia de la investigación social a nivel universitario? Al igual que las patentes ¿cuáles serían los indicadores de innovaciones sociales derivadas de la investigación –referentes de prestigio universitario– que podrían utilizarse para medir los avances en estos ámbitos?

 

b) Trabajo en red (sistema organizativo reticular)

Diversos autores –como Rothwell (1991)– preconizan que los procesos de innovación de última generación son aquellos fundados en la integración de sistemas y redes de cooperación, y por tanto en el que los elementos relacionales –como condición necesaria, no suficiente– tienen un papel clave para su desarrollo. De hecho, una parte sustancial de las investigaciones dedicadas a interpretar las transformaciones socioeconómicas y territoriales asociadas a la nueva fase del desarrollo capitalista incorporan como referentes centrales a los procesos de innovación y al espacio de interacción conformado por flujos y redes.

Se consolida así la idea de que el esfuerzo innovador –que propicia la generación e incorporación de conocimientos para dar respuesta a los retos y problemas a los que las sociedades deben hacer frente– resulta un factor clave que permite, no sólo a las empresas, sino también a los distintos ámbitos territoriales, insertarse con una mejor posición en un espacio abstracto de redes que interactúan en un lugar concreto (Aydalot, 1986; Maillat, 1995; Veltz, 1998).

 

c) La importancia del territorio

A diferencia de etapas anteriores en las que la atención se centraba en las innovaciones empresariales de carácter tecnológico, considerando al territorio como mero soporte en el que discurrían los acontecimientos, se entiende ahora que es precisamente la predisposición para incorporar conocimiento la que, al permitir utilizar racionalmente los recursos patrimoniales existentes en cada ámbito (físico-ambientales, humanos, económicos, sociales, culturales...), es capaz de crear un entorno que propicia el desarrollo.

Junto a la innovación, el contexto se convierte así en un importante recurso y en elemento activo que contribuye a la generación de ventajas, no sólo comparativas sino también competitivas. Se produce, en consecuencia, una revalorización del papel ejercido por las redes y el territorio en los procesos socioeconómicos (Camagni, 1991) llegándose a señalar que el patrimonio territorial es un recurso cultural y económico (Ortega Valcárcel, 1998).

El entorno contribuye pues a provocar el dinamismo socioeconómico y en la lógica global de las redes, permite comportarse a determinados espacios como ganadores o emergentes. Entre ellos destacan los sistemas productivos locales, distritos industriales y medios innovadores (Caravaca et al, 2002). Alvord et al. (2002) identifican tres clases principales de innovación social:

  • La primera, la construcción de capacidad local, se refiere a la posibilidad de mejorar las condiciones locales reforzando las capacidades infrautilizadas.
  • La segunda clase consiste en difundir un conjunto de innovaciones consistente en la recombinación de productos, recursos y procesos para obtener fórmulas que se adapten mejor a las especificidades locales.
  • La tercera es la creación de un movimiento que dote de voz a grupos marginados (Perrini y Vurro, 2005)

Por tanto, lo local, y territorial, asume un especial protagonismo. Se habla incluso de territorios innovadores o territorios inteligentes, entendiendo como tales aquéllos que son capaces de crear unas condiciones favorables a la innovación y al aprendizaje colectivo. Ello les permite poner en valor de una forma racional sus propios bienes, contribuyendo con ello a potenciar los procesos de desarrollo territorial (Florida, 1995; Crevoisier, 2001).

En este contexto, no puede extrañar que se hayan intensificado los estudios teóricos sobre las ventajas competitivas asociadas a las dinámicas de proximidad (Gilly y Torre, 2000.), a los medios innovadores y redes de innovación (Aydalot, 1986; Camagni,1991; Maillat, 1995; Vázquez Barquero, 1999), y a los territorios o ciudades inteligentes (Florida, 1995). La imagen de lo local parece circunscribirse a las realidades municipales. Pero, ¿entenderíamos que la realidad de Bizkaia (1.200.000 habitantes), Gipuzkoa (700.000 habitantes), Araba (350.000 habitantes) son realidades locales y/o que las Diputaciones Forales son instituciones locales o incluso que los gobiernos autonómicos podrían entenderse como gobiernos de proximidad?

Desde una perspectiva sistémica, la resolución de los problemas requiere la actuación en el nivel correspondiente. Desde esta perspectiva las Diputaciones serían en este sentido instituciones próximas a la ciudadanía, y el ámbito de cada territorio histórico (Bizkaia, Araba, Gipuzkoa) podría ser un ámbito en el que se puedan abordar y resolver muchas necesidades de la ciudadanía que requieren respuestas rápidas y eficaces, imposibles de resolver desde cada municipio….