Acción comunitaria

Planes integrales de desarrollo comunitario

Evaluación de los Planes Integrales de Desarrollo Comunitario

Resultados esperados y criterios de evaluación

Un momento idóneo para realizar una evaluación en profundidad (del Plan Integral de Desarrollo Comunitario) lo constituye la fase de re-diagnóstico una vez completada la programación comunitaria fijada para un periodo de 3-4 años. El nuevo diagnóstico nos permitirá contrastar la situación actual con la situación de partida y consultar a la ciudadanía la percepción que tiene del proceso de desarrollo comunitario.

A nuestro modesto entender, se debería evaluar en base a dos criterios básicos:

  • El grado en que ha aumentado la autonomía de las personas y de la comunidad en su conjunto.
  • La coherencia entre los objetivos fijados y la metodología seguida.

Evaluar si ha aumentado la autonomía de las personas y de la comunidad debería abordarse desde dos aspectos clave: las condiciones de vida y los aspectos relacionales o de poder. Aumentar la autonomía de las personas supone ampliar sus capacidades de elegir en un sentido u otro que hacer con sus vidas, sin condicionantes materiales, económicos, sociales o culturales que les generen dependencia y vulnerabilidad.

Es por ello que una labor básica de todo proceso de desarrollo comunitario es facilitar la mejora en aspectos sanitarios, educativos, urbanísticos, medioambientales, culturales o de acceso a un empleo, a una vivienda digna y/o a unos servicios sociales adecuados a la realidad específica de esa comunidad.

Pero otra labor quizá más importante y que diferencia sustancialmente a los procesos de desarrollo comunitario de otros proyectos de desarrollo y de políticas de bienestar social, consiste en la transformación de las relaciones existentes entre los distintos actores sociales. Una transformación que debe sustentarse en la cogestión y la planificación conjunta y democrática entre administraciones, entidades sociales y población (o más sencillamente expresado: entre políticos, técnicos y vecinos) de las políticas y actuaciones destinadas a un determinado territorio. En la práctica esto supone un cambio en las tradicionales relaciones de «arriba hacia abajo», donde la población es mera receptora y usuaria de programas y servicios diseñados por políticos y técnicos sin tener en cuenta su opinión, por otro tipo de relaciones de «abajo hacia arriba», donde la población es co-protagonista del diseño y de la co-gestión de su propio modelo de desarrollo.

También es importante contrastar si se está consolidando una cultura de cooperación entre asociaciones (de vecinos, culturales, deportivas, de acción social, AMPAs, de mujeres, de jóvenes…) y servicios públicos que permita superar las acciones sectoriales por otro tipo de acciones más interrelacionadas y coordinadas hacia un proyecto común de barrio (distrito o municipio).

Pero en esencia, cuando se podrá afirmar que un proyecto de desarrollo comunitario se está consolidando será cuando el «ciudadano de a pie», especialmente el más desfavorecido o vulnerable, adquiera la suficiente autoestima y habilidad como para ser capaz de plantear con toda naturalidad ante políticos y técnicos cuáles son sus demandas y cuáles son sus propuestas así como de participar activamente del diseño, ejecución y evaluación de los proyectos a implementar. En definitiva, cuando se perciba un proceso real de empoderamiento de las personas, es decir, cuando se perciba un aumento de las capacidades para decidir a nivel personal y a nivel colectivo (auto-organización comunitaria).

La coherencia entre metodología y objetivos es básica en procesos como el descrito: el método debe ser en todo momento participativo y democrático, utilizando todas las técnicas y herramientas a nuestra disposición para promover la participación ciudadana y difundiendo la información generada de forma totalmente transparente e igual para todos los actores. Si en un proceso que pretende transformar las relaciones de poder existentes y facilitar la participación de la población en la construcción de su propio desarrollo personal y colectivo no se está consiguiendo alcanzar ambos objetivos, es muy probable que la metodología que se esté utilizando no sea la adecuada. Es decir, si hay voluntad real de llevar a buen puerto tal aventura y no se alcanzan los fines propuestos, algo tiene que estar fallando en nuestro método de trabajo.