Acción comunitaria

Participación ciudadana y procesos participativos

Claves para potenciar la participación individual en los procesos participativos comunitarios

¿Cómo maximizar los incentivos y minimizar los costes de la participación individual en los procesos grupales y comunitarios?

Las organizaciones comunitarias encuentran en su capital humano la principal fuente de recursos para el logro de sus metas. En muchas ocasiones, la implicación ciudadana está sostenida a través de la contribución desinteresada de sus miembros (personas asociadas, voluntarias, etcétera) que invierten su tiempo a favor de una causa de interés común. El incremento de la participación es un tema crucial para el mantenimiento de sus actividades, al tiempo que plantea interrogantes para el estudio de aquellos factores que inciden en una mayor capacidad para atraer a personas a favor de iniciativas de participación comunitaria (Wandersman, Florin, Friedman, & Meier, 1987; Prestby, Wandersman, Florin, Rich, & Chavis, 1990; Chinman, & Wandersman, 1999; Chinman, Wandersman & Goodman, 2005).

Aplicando estos argumentos al contexto de entidades de acción voluntaria, una de las vías para incrementar la participación sería potenciar los beneficios y minimizar los costes de la experiencia de voluntariado como resultado de su participación. El modelo parte de la base de la existencia de intercambios que, de manera natural, se producen en las organizaciones comunitarias; en los que, por ejemplo, sus responsables, o personas con más experiencia, facilitan el acceso a recursos (beneficios) a las personas que integran la organización, las cuales, a su vez, comparten su tiempo y sus recursos personales, que son empleados por la estructura para conseguir sus metas. Este mecanismo de reciprocidad social resulta esencial en el funcionamiento de una organización y, en el caso de las acciones sociales, orienta el proceso de organización de los recursos individuales a favor del funcionamiento colectivo.

Los tipos de beneficios pueden ser agrupados en tres categorías:

  • materiales, definidos como aquellos reconocimientos tangibles asociados a un valor monetario (por ejemplo, recibir información sobre prestaciones o recursos comunitarios, eventos, etcétera);
  • solidarios, recompensas intangibles derivados de la pertenencia al grupo (por ejemplo, reconocimiento o respeto social);
  • intencionales, también de naturaleza inmaterial, y relacionados con las metas de la organización, cuyos miembros reciben de acuerdo con el grado de compromiso y participación en la entidad (por ejemplo, lograr que el barrio sea un lugar seguro para vivir).

Los resultados obtenidos sugieren que los beneficios sociales y normativos son los más importantes, de manera que las recompensas derivadas de la socialización con los demás y los efectos de alcanzar las metas de la organización, serían las dimensiones mayoritariamente citadas por las personas participantes.

Además, los miembros más activos manifiestan una más alta variedad de tipos de beneficios en relación a las personas menos activas. El tipo de organización determina el modo en el que las personas perciben los beneficios de su participación.