Acción comunitaria

Acción comunitaria intercultural

Cómo fortalecer la convivencia en contextos locales con alta diversidad sociocultural

Elementos clave para la promoción de la convivencia ciudadana intercultural

La preparación comunitaria

La Preparación Comunitaria ha sido definida como el nivel de disposición de una comunidad para aceptar los cambios que se le proponen a través de la intervención (Edwards, Jumper-Thurman, Plested, Oetting & Swanson, 2000). Además, la preparación de la comunidad para el cambio es una de las barreras que Morrisey, Wandersman, Seybolt, Nation, Crusto y Davino (1997) apuntan como existentes para la implementación y la efectividad de las intervenciones. Es decir, si no contamos con una comunidad preparada para el cambio, difícilmente nuestra intervención podrá tener éxito, desde el momento en que cualquier programa implica la modificación de estructuras y procesos comunitarios para mejorar el bienestar de la población. Según el modelo inicial propuesto por Oetting, Donnermeyer, Plested, Edwards, Kelly y Beauvais (1995), la preparación comunitaria se puede evaluar en la comunidad a partir de seis dimensiones:

  • Iniciativas existentes en la comunidad (programas, actividades, políticas, etcétera). El tipo de programas o intervenciones similares que existen en el entorno comunitario.
  • Conocimiento acerca del problema o necesidad objeto de evaluación (por ejemplo: la prevención del cáncer de mama o la inclusión social de minorías desfavorecidas).
  • Conocimiento de las iniciativas y programas implementados para hacer frente al problema.
  • Liderazgo (incluyendo los líderes formales y los miembros influyentes de la comunidad).
  • Recursos (personales, económicos, materiales, etcétera).
  • Clima comunitario. Esta dimensión hace referencia a aspectos como el sentido de comunidad o la cohesión social.

A partir de estas seis dimensiones, estas autoras configuran nueve niveles de preparación comunitaria (que van desde la tolerancia o ausencia de conciencia de la existencia del problema en la comunidad hasta la profesionalización de las iniciativas comunitarias), cada uno de los cuales requerirá acciones diferentes para mejorar la preparación de la comunidad. De este modo, es posible facilitar el acceso a niveles superiores a comunidades que se encuentren en los niveles más bajos, de forma que mejore la probabilidad de éxito de las intervenciones que se planteen implementar. En resumen, este modelo proporciona a los profesionales e investigadores herramientas prácticas para intervenir en los contextos comunitarios y maximizar la efectividad de los programas de intervención, de acuerdo con las características comunitarias y la interacción de las mismas con la implementación del programa.

Recientemente, otros autores han aportado su punto de vista al modelo inicial de preparación comunitaria. Por ejemplo, para Chilenski, Greenberg y Feinberg (2007) la preparación comunitaria integra aspectos organizativos y comunitarios en su definición. Para estos autores, la intervención se entiende como un proceso de colaboración con la comunidad, en el que la participación de organizaciones y agentes comunitarios se torna fundamental para garantizar su efectividad. En este caso distinguen cuatro factores disposicionales de la comunidad para el cambio social:

  • el sentido de pertenencia a la comunidad,
  • la iniciativa comunitaria,
  • la historia previa de éxitos y fracasos de la comunidad respecto a la intervención y
  • la presencia y calidad del liderazgo comunitario.

Por otro lado, Chazdon y Lott (2010) apuntan a que la idea de la preparación para el cambio como un continuo es útil, pero que los niveles altos de preparación, relacionados con la profesionalización y la instauración y el mantenimiento de la intervención, no se corresponden con los objetivos de participación, implicación y empoderamiento comunitario, propios del ámbito del desarrollo comunitario. Para estos autores, el desarrollo y el empoderamiento comunitario no pueden tener como objetivo la profesionalización de la intervención, sino la implicación y la participación de la comunidad en el proceso de planificación y toma de decisiones respecto a los servicios y programas.

La preparación comunitaria, más que una característica específica y concreta de los entornos sociales, es el resultado de la interacción entre diversos procesos comunitarios, como la participación social, la capacidad comunitaria, la implicación y el liderazgo de los agentes sociales, la colaboración y las redes sociales de intercambio o los procesos internos de las organizaciones comunitarias (Holgado & Maya-Jariego, 2010, 2012). En este sentido, es más fácil entender la preparación para el cambio como determinados perfiles o contextos de interacción entre las características de la implementación del programa y las características de la comunidad, más que un determinado nivel de preparación. La complejidad de los contextos comunitarios y de los procesos de implementación hace difícil encajar a una comunidad en un único nivel de preparación, sin pensar en el carácter interactivo y dinámico del concepto. A continuación, se señalan las características propias de cada uno de estos niveles o perfiles de preparación comunitaria: